Tu recuerdo es una vertiente que brota del alma
y desemboca en nuestros ojos relumbrantes.
Tu sombra es tu recuerdo, es un espejo iluminando
cada uno de nuestros pasos.
Recuerdo tu bigote, cuantas veces lo sentí en mi mejilla.
Cuando aparecías, atravesabas el umbral,
de tu casa.. porque nuestra casa es tu casa,
incluso ahora cuando Dios te permite visitarnos,
atravesando una puerta o desapareciendo de súbito.
Recuerdo cuando hablabas, recuerdo tu voz
como un tenue susurrar en mi oído, penetrando
fugazmente esta fría noche de invierno.
Y esta noche hay lluvias de invierno sonando,
esa misma que sonó cuando te despedimos en tu casa.
Una noche desperté y me abrazaste, porque eres un canto
inabarcable, una llama perenne, eres trayectoria sempiterna
de astro luminoso. Iluminas nuestras vidas, desde el recuerdo.
Cantamos, porque nos enseñaste a cantar.
Reímos, porque nos enseñaste a reír.
Cuidamos nuestros vehículos, porque tú nos enseñaste a cuidarlos.
Alegramos, porque nos alegraste con tu presencia en esta tierra.
Habitaste poéticamente, como Hölderlin dijo del hombre en su poesía ontológica.
La hora no te llevó, aunque tu presencia se desvaneció,
ese día de Julio que llenó tu hogar de lágrimas.
Y, aunque la tristeza embargó nuestros corazones, tu familia
continuó contigo, en la esperanza de volver a verte,
ese día fausto lleno de gloria en que nos volvamos a abrazar en la eternidad.
No hay muerte para ti, porque la muerte no existe.
La muerte es muerte cuando es absoluta, y tú vives en el acuario
de nuestros recuerdos, do pececitos de colores son los días,
días enarbolando un sentimiento, un sentimiento de regocijo,
sentimiento que plantaste todo en nuestros corazones tuyos.
Hazme ver, con tus ojos eternos, el triste cáliz en que vertimos tu sangre,
para bañarnos en la perpetuidad de tu existencia,
pues tú existes, como yo existo, en el tiempo enloquecido del alma.
En el regazo de tu recuerdo, dormiré esta noche, así que ven...
mi ventana está abierta..