Mientras nos despedíamos, el Sol se apagaba en el mar y el cielo lucía inerte. No habían estrellas aún, esas que me iluminan y son como cascabeles que me hacen sonreir. La luz de la noche me abarcó por completo y las irreales de la ciudad me hacían ilusionar por un futuro juntos caminando por la avenida, buscando quizá nada, pero juntos. Nunca me pareció más eterno el instante del ocaso.
Tus labios me llenaron de deliciosas caricias y tus palabras de esperanzas que danzan presurosas por mi alma y se proyectan en ideas regidoras. El constante e indetenible latir de nuestros corazones conformaban una armónica escala musical que llevó -y aún lleva- por nombre Amor, difuminándose a través de efluvios sonoros en el espacio, contagiando de alegría a las rosas y los girasoles, a los gorriones y jilgueros, a la fauna de cemento, a las aguas que cruzan nuestro valle.
"¿Qué piensas?" me preguntaste llena de duda por la mirada que proyecté al horizonte, como tratando de penetrarlo. Concentrado, en silencio, meditativo y con las pupilas dilatadas intenté darte una explicación, pero el solipsismo es tan equívoco e inpenetrable de traducir que sólo pude balbucear que pensaba en mis miedos. Fue cuando me abrazaste y con esa sola acción, tan simple y gratuita, echaste abajo miles de miedos y de horas de sufrimiento. Eres una hechicera que con su blanca magia benigna le ha devuelto la vida a un poeta apasionado.
No importa lo que ocurra de aquí en adelante. No importa si el cielo se obscurece por completo por siempre, pues yo iluminaré tus noches con mi luz. No importa que los truenos roben el silencio de la noche y tengas miedo, porque con mis abrazos y caricias volverás al sueño. No importa que la lejanía nos separe, pues siempre estaré aquí esperándote con mis brazos acogedores y sólo tuyos. No importa que una agobiante discusión nos quite parte del tiempo de nuestras vidas, pues hemos aprendido de a poco a solucionar todo. No importa que no puedas verme diariamente, pues siempre estaré para tí cuando puedas y lo haré predicando el amor que por tí siento. Lo que sí importa es que vivas con el pensamiento de una vida llena de fidelidad, de comprensión y de incondicionalidad, porque eso, eso soy yo.
El beso que me regalaste antes de irme aún lo llevo en mis labios y la única manera que sea relevado es con los mismos labios que lo pusieron tan tibia y sabrosamente ahí. Llevo todo lo tuyo dentro de mí. Siempre estaré a tu lado, pues ese es realmente mi verdadero hogar. El mundo está vestido de blanco. Y la noche bailó con mis sentimientos y te dibujaron las estrellas...
No es que sangren las letras por mi piel, sino que son las venas que imprimen su color escarlata..
domingo, 30 de marzo de 2008
jueves, 27 de marzo de 2008
El Ocaso
Las horas habían comenzado a apurar su inconstante marcha y nos preparábamos para partir. El Sol se levantaba solemne, vetusto y aciago y nuestras manos se entrelazaban nuevamente. ¿Recuerdas el aroma de esas rosas que se asomaban cautelozas por entre las rejas de aquella casa? Entumidos por un gélido viento nos abrazamos. Fue entonces cuando miré tu rostro y penetré en tus ojos transportándome a etéreo viaje.
Qué lozanía más maravillosa refulguraban ellos.
Qué pureza en tu delicada piel, qué cálida se sentía al tacto.
Qué maravilloso elixir el sabor de tus besos, de tu boca encendida en manceba pasión.
Qué maravilloso penetrar hasta el fondo de tus pensamientos, contemplarlos como quien contempla una sala de arte, deslumbrarme por tus sentimientos hacia mí.
Si la felicidad se puede resumir a unas cuantas palabras de un mal poeta, quisiera que las leyeras expresadas en mis impresiones de aquel momento. Pues cuando la luz de la realidad se apaga dando paso a la nocturna excitación de los sentidos, el romántico viaje emprendido en tu ser rebosante de relumbrancia me despierta al más etéreo delirio eudaimónico.
Aquella tarde reías grandemente de mis torpezas y ocurrencias y fuí feliz al verte feliz. Acariciaba tu rostro y tomaba de tu mano, te observaba caminando como perdida en tus pensamientos y sueños. Lo más valioso de lo nuestro, es la forma. Siempre las formas son lo bello, quizá por eso alguien dijo que una buena definición de belleza era "La perfección de las formas". Aunque, si me lo permite mi ignorancia, y en base a lo que he escrito, me quedo con la de Schelling: "La belleza es la eternidad reflejada en lo finito". ¿Cómo no atribuirle genialidad a sus palabras, si los momentos más hermosos de mi vida los llevo en la mente como inmortalizados? Y qué mayor placer haberlos vivido a tu lado. Eres lo mejor de mi vida...
Al atardecer, abordamos "la amarilla" y nos perdimos entre los hombres. El ocaso era inminente...
Qué lozanía más maravillosa refulguraban ellos.
Qué pureza en tu delicada piel, qué cálida se sentía al tacto.
Qué maravilloso elixir el sabor de tus besos, de tu boca encendida en manceba pasión.
Qué maravilloso penetrar hasta el fondo de tus pensamientos, contemplarlos como quien contempla una sala de arte, deslumbrarme por tus sentimientos hacia mí.
Si la felicidad se puede resumir a unas cuantas palabras de un mal poeta, quisiera que las leyeras expresadas en mis impresiones de aquel momento. Pues cuando la luz de la realidad se apaga dando paso a la nocturna excitación de los sentidos, el romántico viaje emprendido en tu ser rebosante de relumbrancia me despierta al más etéreo delirio eudaimónico.
Aquella tarde reías grandemente de mis torpezas y ocurrencias y fuí feliz al verte feliz. Acariciaba tu rostro y tomaba de tu mano, te observaba caminando como perdida en tus pensamientos y sueños. Lo más valioso de lo nuestro, es la forma. Siempre las formas son lo bello, quizá por eso alguien dijo que una buena definición de belleza era "La perfección de las formas". Aunque, si me lo permite mi ignorancia, y en base a lo que he escrito, me quedo con la de Schelling: "La belleza es la eternidad reflejada en lo finito". ¿Cómo no atribuirle genialidad a sus palabras, si los momentos más hermosos de mi vida los llevo en la mente como inmortalizados? Y qué mayor placer haberlos vivido a tu lado. Eres lo mejor de mi vida...
Al atardecer, abordamos "la amarilla" y nos perdimos entre los hombres. El ocaso era inminente...
Póstumo (palabras sin tiempo)
Cuando veas el retrato de mi rostro en escritos como éste, notarás los efluvios de tristeza que me atravesaban por completo. Lágrimas superfluas forman cauces en mis mejillas. A nadie más le importa lo que me pasa, porque nadie lo ha provocado. En la soledad insondable de mi alma, escribo como un poeta en lontananza.
¡Qué maravillas observé cuando estabas conmigo! Los cielos eran diáfanos y los árboles nos sonreían, mientras tu mirada angelical rebosaba de alegría. Hoy en el funesto sitio en el que me hallo, se trizan los vitrales eternos de aquellos días felices. Probablemente mientras leas esto ni siquiera existiré para tí, mas, así es el ocaso infausto de los amores, cuando un alma enferma (como la mía) se atreve a sondear en sus mares sin fondo. Quizá rías más, quizá ames mejor, quizá mi recuerdo en tu retina saque una tímida sonrisa, que luego se apagará para volver al olvido.
No deseo más en la vida que verte sonreir llena de felicidad, aunque muchas veces al hacerlo no lo sientas realmente (menos conmigo). Aquel poder sagrado de hacerte feliz ya no me pertenece, pues lo perdí porque las armas de los ángeles jamás permanecen durando en manos humanas, más sobretodo de alguien tan horrible como yo. Te juro que, ahora que escribo, voy a aprovechar lo más que pueda la resina que aún queda en aquella varita mágica que está por romperse.
Cómo desearía una segunda oportunidad. Cómo deseo con todas mis fuerzas que volvieras a amarme tanto como lo hacías esas noches de verano, tomados de la mano, disfrutando de la sabrosa menta que brotaba del cigarrillo, sonriendo por cualquier cosa que ocurriera alrededor nuestro. Un retiro al desierto de mi alma me costó perderme el paraíso que ofrecías.
Aguda es la tristeza en mis momentos instrospectivos cuando trato de decifrar en qué momento el idilio se volvió rutina, cuando intento buscar y volver a buscar el motivo que te dí para dejar de amarme, para abandonarme en la miseria de mi existencia, cuando te ofrecí romper tus promesas y perderte en el horizonte aquella tarde de invierno. No quedan más palabras en mi alma. No quedan más pasiones en ella. Ha llegado la hora de perderme en el Infinito y en el Tiempo...
Carta de un enloquecido.
¡Qué maravillas observé cuando estabas conmigo! Los cielos eran diáfanos y los árboles nos sonreían, mientras tu mirada angelical rebosaba de alegría. Hoy en el funesto sitio en el que me hallo, se trizan los vitrales eternos de aquellos días felices. Probablemente mientras leas esto ni siquiera existiré para tí, mas, así es el ocaso infausto de los amores, cuando un alma enferma (como la mía) se atreve a sondear en sus mares sin fondo. Quizá rías más, quizá ames mejor, quizá mi recuerdo en tu retina saque una tímida sonrisa, que luego se apagará para volver al olvido.
No deseo más en la vida que verte sonreir llena de felicidad, aunque muchas veces al hacerlo no lo sientas realmente (menos conmigo). Aquel poder sagrado de hacerte feliz ya no me pertenece, pues lo perdí porque las armas de los ángeles jamás permanecen durando en manos humanas, más sobretodo de alguien tan horrible como yo. Te juro que, ahora que escribo, voy a aprovechar lo más que pueda la resina que aún queda en aquella varita mágica que está por romperse.
Cómo desearía una segunda oportunidad. Cómo deseo con todas mis fuerzas que volvieras a amarme tanto como lo hacías esas noches de verano, tomados de la mano, disfrutando de la sabrosa menta que brotaba del cigarrillo, sonriendo por cualquier cosa que ocurriera alrededor nuestro. Un retiro al desierto de mi alma me costó perderme el paraíso que ofrecías.
Aguda es la tristeza en mis momentos instrospectivos cuando trato de decifrar en qué momento el idilio se volvió rutina, cuando intento buscar y volver a buscar el motivo que te dí para dejar de amarme, para abandonarme en la miseria de mi existencia, cuando te ofrecí romper tus promesas y perderte en el horizonte aquella tarde de invierno. No quedan más palabras en mi alma. No quedan más pasiones en ella. Ha llegado la hora de perderme en el Infinito y en el Tiempo...
Carta de un enloquecido.
viernes, 21 de marzo de 2008
El Amor
El Amor para mí es un despertar eternamente en la ilusión de volverle a ver lo antes posible.
Es para mí también, aquellas puras y cristalinas lágrimas caídas por la espera.
El Amor significa "Filiación" y con ella unión total y fiel.
El amanecer más glorioso y utópico que el hombre puede vivenciar.
Amar conociendo al otro, aceptándolo, comprendiéndolo, apoyándolo, en conclusión, marcar la diferencia entre todos los demás que suponen amar.
Un torrente con cauce incierto, un vendaval sin dirección que se estrella contra la existencia.
Amarte para mí es poesía y, quizá con cierta certeza, puedo declarar que para mí, como para el poeta, poesía eres tú. Cada mirada, tus cabellos movidos por el viento armoniosamente, cómo te mueves, como respiras, como contemplas, como suspiras, como piensas: en síntesis, todo lo que haces y eres para mí es la más profunda y significativa poesía.
Y al fin, Amar para mí es yacer a tu lado hasta la Eternidad...
Es para mí también, aquellas puras y cristalinas lágrimas caídas por la espera.
El Amor significa "Filiación" y con ella unión total y fiel.
El amanecer más glorioso y utópico que el hombre puede vivenciar.
Amar conociendo al otro, aceptándolo, comprendiéndolo, apoyándolo, en conclusión, marcar la diferencia entre todos los demás que suponen amar.
Un torrente con cauce incierto, un vendaval sin dirección que se estrella contra la existencia.
Amarte para mí es poesía y, quizá con cierta certeza, puedo declarar que para mí, como para el poeta, poesía eres tú. Cada mirada, tus cabellos movidos por el viento armoniosamente, cómo te mueves, como respiras, como contemplas, como suspiras, como piensas: en síntesis, todo lo que haces y eres para mí es la más profunda y significativa poesía.
Y al fin, Amar para mí es yacer a tu lado hasta la Eternidad...
Un día juntos
Cielos diáfanos conforman la bóveda celeste,
árboles vivientes con hojas moviéndose al compás del viento,
una tenue brisa acaricia nuestros rostros y danzan tus cabellos,
nuestras manos unidas por la filiación amorosa
y, sonrientes, nuestros ojos contemplándose mutuamente.
Los senderos se manifiestan ahí, deseosos de ser recorridos,
y calladamente nuestros pasos se tornan infinitos
mientras danzan las voces con que acariciamos nuestros oídos
y de paso nos seducimos y arrullamos con palabras decorosas,
en la tarde otoñal del nacimiento del Amor.
Sonrisas y abrazos acalorados inundan mi recuerdo
de los días cuando el sueño se concretizó, se hizo realidad,
ese que gobernaba nuestras noches y anhelabamos en vigilia.
El aroma de tus cabellos, el calor de tus besos
y esas tibias miradas que se tornaron en fuego.
Ahora que estás ahí, frente al umbral de lo eterno,
te das vuelta y contemplas lo que has construído día a día
y, satisfecha, te paras orgullosa
como yo lo hago mil veces cuando, con emoción,
recuerdo aquel primer día: el paradigma de nuestros días.
árboles vivientes con hojas moviéndose al compás del viento,
una tenue brisa acaricia nuestros rostros y danzan tus cabellos,
nuestras manos unidas por la filiación amorosa
y, sonrientes, nuestros ojos contemplándose mutuamente.
Los senderos se manifiestan ahí, deseosos de ser recorridos,
y calladamente nuestros pasos se tornan infinitos
mientras danzan las voces con que acariciamos nuestros oídos
y de paso nos seducimos y arrullamos con palabras decorosas,
en la tarde otoñal del nacimiento del Amor.
Sonrisas y abrazos acalorados inundan mi recuerdo
de los días cuando el sueño se concretizó, se hizo realidad,
ese que gobernaba nuestras noches y anhelabamos en vigilia.
El aroma de tus cabellos, el calor de tus besos
y esas tibias miradas que se tornaron en fuego.
Ahora que estás ahí, frente al umbral de lo eterno,
te das vuelta y contemplas lo que has construído día a día
y, satisfecha, te paras orgullosa
como yo lo hago mil veces cuando, con emoción,
recuerdo aquel primer día: el paradigma de nuestros días.
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