jueves, 7 de enero de 2016

Terrestre

¿Cómo son las esferas que adornan tu frente?
¿Son quizá como las lágrimas que se derraman sobre mi rostro?
¿Son como las aves que no volarán jamás a otros continentes?
¿Son como los amores que surgen y se desploman
exánimes sobre la tumba de la desesperanza?
¿Son tus estrellas, Oh, amada mía, un brillo en unos ojos
que jamás serán los míos?

Como avanza la tarde en solitario,
así recorre mi pensamiento la idea que de ti me formo.
Te observo y te pienso en cualquier instante
y luego, te envío al olvido momentáneo.
No encuentro mi espacio en tu espacio en forma exacta
y me lleno de lágrimas al sentir que mi alma podría vaciarse nuevamente.

Yo no creo en cuestiones infinitas,
ni en caricias que no mueran al instante, pero
¡Dígame, oh, señora mía!, ¿no es acaso hermoso
vivir en la esperanza de lo eterno?
De un amor que se renueve cada día,
de una flor que no muera en cada invierno
y se proyecte sobre una primavera tenue
como el día.

¿No sería bello, oh amor de la promesa,
dormirnos en la esperanza de que el fin no será
sino el descanso sin retorno?

Volaré. Esta tarde, me iré lejos de casa.
Cuando regrese, habré dejado lejos
cada pétalo reseco
de la vida que no se cansa de enseñarnos
que la tierra se transformo en un camposanto
donde agoniza todo, todo,
sin dejar respirar
cualquier intento de aspirar a lo total, lo alto, lo bello
a lo intenso...