martes, 27 de diciembre de 2011

Simple

La vida es simple.
La estadía es simple.
Herir es simple.
Desconsiderar es simple.
Construir una torre
para desde ella avistar el mar,
es de una simpleza divina.
Morir es simple,
si no cuidas tu vida como un tesoro.

Abandonar es simple.
Codiciar es simple.
El dinero es lo más simple
y lo que más daño nos hace.
Soñar es simple,
concretizar tus sueños, es tan simple como la vida,
si te levantas cada mañana
con la llamita de tu corazón encendido.

Amar es simple.
Odiar es simple.
Hacer sentir tu odio es simple;
hacer que el otro se sienta amado
es quizá imposible.
Ir a la Luna es simple.
Codiciar lo ajeno es simple.
Perjudicar al otro es simple,
pero lo más simple es vivir sin motivo
ser un pequeño y famélico ser flumígero
que se apague sin más. 

Lo simple es siempre lo más complejo
cuando te conmina a dar lo mejor de ti.
¿Cuán simple es hacer que vivamos en un mundo mejor?
Es más simple con la convicción de lograrlo,
con las ganas recalcitrantes y perseverantes
de respirar día a día con el objetivo de 
convertirlo en realidad.
Todo es tan simple, como simple fue que un día
tú te fueras y te convirtieras en una perfecta desconocida.
Aunque también es simple decirlo, pues, en verdad,
en cada mirada que me das
encuentro una gotita 
de esa persona que me enamoré un día
por allá por el mediodía de nuestras vidas..

lunes, 5 de diciembre de 2011

Vesania

Pesa sobre mí un rocío que enviaste, ubérrimo ser celestial,
desde la primavera inerte cuya sombra es luz.
Luciérnaga de crepúsculo, sepultura desvencijada,
éter flamígero en fluencia absoluta a través de la nada.
Efluvios que trastruecan en un amanecer indemne
de corolas arco iris, sombras vegetales
y cestas cubiertas de pétalos límpidos de rojo pasión.
Desnudez trashumante, eso eres, recostada sobre mi cama
tus senos exuberantes colman el espacio y lo poseen
como nos poseímos, apasionadamente, al filo del alba.

Viento elemental, cuyos aromas constituyen
barcarolas olvidadas, un devaneo sempiterno
cuya eviternia se materializó delicadamente
en un beso agonizante que se recobró de fenecer.
Ese fruto que escondes, vorágine a tajo abierto,
tolvanera desértica cuya fuerza me lleva a
páramos olvidados en el jardín de la memoria.
¿Cómo no sentirte poderosa, voluptuosa amazona encendida,
si te dejas amar con tanta pasión,
encendiendo tímidamente la pira exánime
del amor dormido?
En un sólo sonido te transfiguras,
en el son cálido de un beso ardoroso.

Y maravillas las mañanas con tu solemne relumbrancia,
la calidad de tu piel, la sonoridad de tus recovecos,
la música altisonante de pasadizos vericuetos en tu cuerpo.
Mujer inmensa, cuando caemos como bestias prehistóricas
tendidos en la cama luego de habernos amado vesánicos.
La única sílaba que pronuncio, tras el gemido entrecortado
del clímax corporal...
es...
¡Vesania!, ¡No me la ocultes nunca más!