jueves, 6 de noviembre de 2008

No te vayas...

Esa noche había sido precedida por un día oscuro, melancólico, aciago. Una neblina tenue se sentía en el ambiente y la luna se mostraba con un brillo pálido y triste. Todo el día habíamos discutido por estupideces, cosas que no importaban tanto como el sentimiento inmenso que guardábamos en nuestros corazones. Llegamos a mi casa, subimos la escalera, tiramos nuestros bolsos sobre la cama y coninuamos en nuestra innecesaria ocupación. Tan estúpida puede volverse una persona cuando la rabia lo embarga, tan osado el orgullo cuando nos hieren...

-Me voy-, gritó ella con tono decidido tomándo su bolso y abandonando rápidamente la habitación. Yo la seguí desesperado por su reacción, pero aún con un poco de orgullo dentro de mí. No podía controlar mis emociones, no podía controlar la rabia, no podía callar mi boca y tomarla y besarla como hubiese debido. Cerró la puerta fuertemente. Eran las once de la noche.

Son las una de la madrugada y el alcohol en mi cuerpo me aturde, por suerte, más que el dolor que no soporto más. Yo la amo. Yo estoy completamente enamorado de ella... no quiero que se vaya de mi lado, no puedo soportar que me haya abandonado. Tantos sueños se destruyeron hace un par de horas...

No puedo conciliar mi dolor con mi culpa. Debí quizá detenerla, debí pedirle que no me dejara, pero siempre me dije a mi mismo que no podía rogarle a una mujer nada, menos si me hubiera agredido. Yo no sé qué pensar. ¿Cómo hacerle comprender a alguien tus sentimientos, emociones, culpas, miedos, etc., sin que esa persona se sienta ofendida? ¿cómo decirle que sientes que en algunas cosas se ha equivocado (y no en todas)? No sé qué hacer... mis razones ya no son suficientes, quizá nunca lo fueron.

Avanza la noche y los cigarrillos se acaban. Camino hasta la botillería cercana y compro una cajetilla. Mientras vuelvo, fumo un cigarrillo y me detengo a mirar el cielo... milagrosamente se ha despejado y las estrellas brillan para mí. Una vez, ella me dijo que leyera un libro. Lo leí, es un clásico, y me dedicó una parte. Entonces, yo ahora que me encuentro acá, solo, desamparado en medio de la noche (quizá igual que ella), veo las estrellas y son como sonajeros. Me hacen sonreir. En la esquina anterior a mi casa, un perro le ladra a un árbol de aspecto siniestro. Quiero estar en casa.

Los cigarrillos se me acaban de nuevo. He fumado demasiado en pocas horas. He bebido mucho y muy rápido. Ahora estoy ebrio, estoy llorando a gritos tirado en la alfombra y la huelo desesperado buscando algun indicio que me muestre el aroma de su cuerpo, ese que meses atrás, en la alfombra misma donde me encuentro solo, se fusionó con el mío y tanto fue el amor... Ahora estoy completamente solo...

miércoles, 7 de mayo de 2008

Amor laetitia et doloris est

Hoy la ví por última vez y sus cabellos danzaban al compás de sus pasos agobiados por la extenuante travesía sobre el sendero humedecido por la copiosa lluvia. Yo la amaba, ¡yo la amo! -reivindico-, y mis dioses antepasados lo saben. Aquel día en que se desarrolla mi relato, el Sol se mantuvo pálido entre las nubes de la mañana, las cuales se tornaron grisáceas al mediodía. Un torrente súbitamente cayó sobre mi cabeza mientras la esperaba bajo un árbol en aquella plaza sólo existente en nuestras memorias y en las cicatrices de las almas. El vívido sabor de sus besos acariciaba mis labios humedecidos y mi rostro sintió, de pronto, la cercanía de su calor. Al mirarla de reojo, pues simulé no haberla visto aún, puse cara de sorprendido y se enternecieron mis ojos. ¡Cuántas veces al contemplarla recostada en la cama no deliré producto de la ternura que me provocaba su cuerpo, su mirada, su silueta divina dibujada por el Creador! ¡Qué sensación más sublime producía en mí su ser!

Un abrazo estrecho y perdí el entumecimiento. Un beso alicaído y mi alma se enfrió. Ambos sabíamos que en un par de horas más nuestros destinos definitivamente se separarían y la ansiada, y a la vez vilipendiada soledad, volvería a hacersenos propia. Ni una palabra, ni un gesto, ni ademán de despedida, ni un ápice de comprensión nos atrevimos a entregar, pues la decisión de nuestro desenlace había sido impuesta por la voluntad de ambos y siempre le enseñé que las decisiones deben llevarse hasta las últimas consecuencias. El cielo se obscurecía y el reloj de la Iglesia contigua al parque nos señaló las seis. Entonces recordé el momento en que nos prometimos amor eterno, justo frente a la puerta de entrada de esa construcción sagrada, en una mañana de verano que jamás volverá, pues el tiempo traga vertiginosamente el presente y lo condena definitivamente al pasado. Una lágrima quizo rodar por mi mejilla. Sus pensamientos permanecían, para mí, en el más absoluto misterio.

Una vez habíamos comenzado a discutir sobre cierta incomodidad atribuída, por ambos, a la falta de conclusión en nuestras conversaciones, que indefectiblemente terminaban en peleas. Nunca supimos con claridad dar solución a ello. El devenir absoluto de las oportunidades no es eterno, más sí lo es su devenir. Al final todo lo que fue no volverá a ser jamás. La contradicción de mis estados, la violencia de los suyos terminaron por ir cerrando de a poco los ojos a un amor que se levantó como un heraldo de vientos nuevos. Nunca previmos que era una brisa. Nunca supimos que nosotros hicimos que así fuera. Un cabello puede caer a la vereda y humedecerse, luego mimetizarse con la tierra y transformar su existencia, morir. Mas, puede también dejarse llevar por el viento otoñal que hace volar las hojas y las transforma en melodía por los aires, dirigirse al cielo inefable y ascender a Dios. Si tan solo hubieramos enfocado lo nuestro en la felicidad de los momentos; si pudiésemos volver a conocernos.

Una ráfaga de viento entumeció sus mejillas e inconcientemente buscó mi regazo. Al instante, cuando pensó lo que hacía, se separó bruscamente de mí y miró hacia el suelo. Tan holgada era nuestra vida, tan llena de delicias etéreas. Quizá nuestro problema fue que creamos un mundo imaginario con los sentimientos que teníamos, idealizamos la realidad y la transformamos en quimera. Después de todo el mundo no tiene por qué ser bello. Mientras caminaba escuchaba tu silencio, mas no desesperé como tantas otras veces, pues sabía que ya nada te debía y nada me debías. Doblamos en la avenida que recuerda nuestros días de gloria y nos detuvimos. Hasta aquí llegarían nuestros pasos juntos. Ya no habrían más de dos marcas en el barro al caminar, ya no percibiríamos el perfume de nuestros cuerpos. Encumbramos nuestra actuación para no quedar de cobardes y descolló la arrogancia, aquella tarde de lluvia infausta y de granizo gélido. Esbocé una sonrisa y tú inmutada en la desolación que ya vivías.

Ya es hora de que me marche- dijiste con tono apresurado- ya no nos queda más que caminar.
Traicionado por mis sentimientos, inconcientemente la aferré con una mirada. Nada más dijo y caminó hacia el poniente. La silueta de su cuerpo perdiéndose en la oscuridad lineal de la avenida era un retrato que no podía soportar. Mi voz tremulosa no se atrevió a llamarla, a intentar reconciliarse con la suya una vez más. El insondable vacío me inundó por completo y tornó mi rostro, de triste, a serio. Caminé dos cuadras a la deriva y alcancé un negocio para comprar cigarrillos. Mientras fumaba contemplaba el gris blanquecino de las nubes por influencia de la luz lunar y me preguntaba si había algo detrás de ellas. Supuse que no había nada tras el aciago esparcimiento de las masas de agua flotante, comprendí que no hay nada tras el velo oscuro de un corazón abandonado, recreé mil veces su rostro sonriente en mi mente, me resigné por completo a que su imagen nunca existió...

sábado, 3 de mayo de 2008

Ruegos soterrados...

Trato de sostenerme sobre mí mismo en una gélida circunsferencia verdeazulada y no consigo aferrarme a ella. Quizá la realidad siempre me somete a los forzados destinos que merezco. He sido, soy y seré una molécula plasmada en la existencia, siempre inerme a los arrebatos de mi espíritu. Sé bien que muchas veces ellos han sido la causa de tu felicidad...

Muy feroces pueden ser los malogrados capítulos de mi eterno ser-aquí, firman con fuego ígneo mi epitafio. Aunque constantemente dirija mi atención y mis energías a lograr tu felicidad, muchas veces me hundo en el oceano de mis delirios y la empresa fracasa. Pues no coincido contigo y me sumerjo en la tristeza. Sabes que he tratado siempre de vencer...

Quizá deba esforzarme más que todo en fijarme en la absoluta comprensión de mí mismo antes de querer entender cualquier otra forma inteligible del mundo, del horizonte espiritual que la rebalsa y la adorna. No comienzo con lo primordial y lo más indivisible: detectarme por entero en la intuición de mi persona, de mis rasgos, características y desventuras. Hallarme...

Cuando consideres que es demasiado tarde te marcharás confundida y sorprendida, te irás flotando en un mar de respuestas ininteligibles y desembocarás en conclusiones falsas. Sin embargo nada te reprocharé, somos seres humanos y por lo tanto no toleramos lo que no es inmediato. Por qué crees que tantos amores desaparecen en el horizonte de nihil...

No verás, probablemente, mis ojos más relumbrantes que en este momento, cuando me dirijo pleno al vacío. ¿Cuántas veces más me verás a través del prisma del amor? ¿cuál es el límite de lo que sientes? ¿habrás visto ocasos (como yo) tantas veces como sea posible antes de perderte en la contundente certeza de que lo nuestro es devaneo? Todo se juega en las preguntas...

Por último y para finalizar te ofrezco mi existencia, mis creencias, lo que he sido y lo que seré para que lo tomes como propio, establezcas tus sueños, tus delirios, tus metas y esperanzas en esta unión de julio que comenzó y se desenvolvió con el arreciar potente de nuestro amor, aquel que vive y vivirá en nuestros corazones por siempre. ¿Podrás verme cuando desaparezca en...?

domingo, 27 de abril de 2008

Cuando tengas miedo...

Cuando tengas miedo y quieras llorar con todas tus fuerzas, recuérdame, que yo estaré pensando en tí en la lejanía. Cuando no quieras abrir los ojos porque creas que hay monstruos, imagíname con una espada dorada, sobre un caballo, luchando contra ellos y venciéndolos, pues eso estaré haciendo, pero invisiblemente. Cuando creas que yo quiero dejarte solita, recuerda lo que siempre te digo al respecto: QUIERO ESTAR TODA MI VIDA JUNTO A TI, SIN IMPORTAR LOS PROBLEMAS, PUES LOS SOLUCIONAREMOS.

Cuando le temas a la muerte y estés angustiada, recuerda que yo voy a seguirte a donde vayas. Cuando te halles a kilómetros de mí y me necesites con más fuerzas, háblame a la distancia, que yo le pediré a Dios oídos más sensibles para escucharte. Si en alguna ocasión, motivada por todo lo que temes en este mundo, estás llorando desconsoladamente, encuentra consuelo en éstas palabras que te he regalado, pues, aunque no son acciones, son una forma de expresarte mis sentimientos y todos ellos son tuyos porque yo te amo.

Si las pesadillas molestan tus sueños, observa el sueño que vivimos en la vida real y date cuenta lo hermoso que es. Cuando el trueno suene a lo lejos con su estrepitoso ruido y tiembles y no puedas dormir, apaga el miedo en la imaginación de que te acaricio cobijándote con mis brazos y vertiendo mis besos sobre tu cabecita. Aquel día funesto, en que yo mismo haya despertado tus miedos, recuerda que mis sentimientos hacia tí son lo más hermoso que tengo y que no quiero hacerte sufrir, es simplemente que a veces también tengo miedo.

Un mundo como éste está lleno de situaciones que no podemos controlar, para el cual nos queremos preparar y defender. Yo voy a ser bastión de tu alma, mi doncella amada, y jamás vas a estar sola, porque mi corazón está colmado de sentimientos que sólo quieren acariciarte y llenarte de acciones que desemboquen en la felicidad de tu alma. Yo estaré a tu lado, tú estarás conmigo y cuando la noche se haga más larga, cuando el día prolongue sus horas, a lo lejos nos apoyaremos y viviremos más intenso el idilio con que tropezamos...

jueves, 24 de abril de 2008

Eres sublime

Eres sublime, pues me apareces como celestial
en tus amores y enojos, en tus virtudes.
Cada gota de rocío que son tus palabras
me dan vida como el agua a una planta,
como el Sol a los árboles,
como el Mar a los peces.

Eres sublime porque me eres inefable,
como Dios y los ángeles y los arcángeles,
como las estrellas de la bóveda nocturna,
como el horizonte del ocaso,
como el Tiempo que transcurro
en tus brazos que me refugian.

Eres sublime porque me diste una razón
para inmortalizarnos en nuestro amor,
porque impusiste tu claridad
cuando sólo había miedos
y en la esperanza de tus promesas
pude dormir plácidamente como un niño.

Si realmente una verdad alcanzar pudiera
sería justamente aquella que me hace amarte,
el principio de lo misterioso
lo que no puedo explicar con mis argumentos.

Eres sublime porque apareciste ex nihilo
y me mostraste la más clara realidad
habilitando mi alma, despertando sensación,
sometiéndome a la reflexión
de mi absurda incredulidad,
porque me sacaste del Escepticismo.

Eres sublime, ya que olvidé mi soledad
y tornaste feliz lo triste, lo negro, lo blanco,
moraste mi corazón y lo reviviste
rejuveneciste mi existencia
y de paso me hiciste sentir el amor
más maravilloso que haya vivido.

Eres sublime por eso y por muchas cosas más
que no podría mencionar por cantidad,
mas no por innecesidad, ya que
es tanto lo que me has dado y ofrecido
que no podría vivir más que para adorarte,
que no podría vivir cien vidas para pagarte.

Prolegómeno del Sentimiento de mi Alma

He escrito a través de mi obra fundamental de vida, a saber, ésta que leeras, los más claros y apasionados poemas e historias que he podido formular. Son todos tuyos y, si bien algunos no pertenecen a lo que nosotros hemos vivido, ni a lo que yo siento por tí, he establecido con mi imaginación variedades de narraciones para plasmar un poco mi alma en todo esto.

Nunca supe con claridad qué podía hacer para regalarte en un día tan especial como esté: tu cumpleaños número diecisiete, poéticamente, diecisiete primaveras de una vida que admiro. Varias fueron mis ideas al principio, todas incomprensibles y vagas. Por eso determiné que debía escribir. Sabes cuánto me gusta esto. Fue el motivo por el cual decidí, humildemente, hacer este libro. No fue fácil, pues no quería que fuera tosco y horrible, o sea, que sintiera que iba a desagradarte o que no te iba a importar mucho, ya que todo lo que hago por tí lo hago con el corazón puesto en la obra. Ésta obra lleva por idea principal: El Amor que siento por tí.

Varias sonrisas me ha proporcionado esta labor, así como también lágrimas, por motivos diferentes e innecesarios de explicar, puesto que lo importante es que te des cuenta de que cada letra, cada palabra, cada oración y cada párrafo de los cuales vienen a continuación transpiran con fuerza un amor ingente y apasionado por tu cuerpo, por tu alma, por tu ser. El sentimiento maravilloso que he hallado en tus abrazos, en tus caricias, en tus besos, en tus palabras y en todas las acciones que has dirigido hacia mí, me ha hecho cambiar mis espectativas de la vida, ha sido como un verdadero giro en 360° de mi perspectivas sobre ella y de lo hermoso que puede significar vivir una relación amorosa.

En unas pocas palabras puedo resumir todas estas historias y poemas para tí: Estoy completamente enamorado de tí, eres lo que más amo en esta vida y que soy completa y máximamente tuyo. En la celebración del día de tu nacimiento quiero dedicarte este libro con todo mi corazón, el cual ya ha sido dedicado a tí, pues cada vez que nos despedimos en el portón de tu casa se queda contigo para acompañarte y acariciarte cuando te sientes sola. Si lo sientes, puedo decir que he cumplido con uno de mis más puros y benignos objetivos; si no es así, lucharé día a día para que puedas darte cuenta que, a pesar de ser un hombre común y corriente, como cualquiera que podrías haber conocido en cualquier parte y en cualquier tiempo, éste hombre es el que con mayor pasión y ahínco se ha dedicado a embellecer tu vida más de lo que es y traerte esperanzas de que uno no está solo en la vida, cuando tiene a su lado a alguien que le ama tanto.

Felicidades mi amor. Sin duda puedo decir, con toda certeza, que eres la persona que más feliz me ha hecho en el mundo y que yo he podido devolverle también aquello. Tal es mi regalo de cumpleaños para este importantísimo aniversario que celebramos los que te amamos y espero que en sus páginas encuentres una vez más, cuando estés sola, a aquel que daría todo lo que tiene por hacerte un poquito más feliz...

De Cristián, tu pololo, tu amor, tu hombre...

Miércoles 14 de Mayo de 2008

martes, 22 de abril de 2008

Sensaciones

Si, la maravillosa conjunción de palabras que articulo en "Te Amo Con Toda Mi Alma" es lo que más he tratado de decir éstos últimos meses de mi vida. Al mirarte directamente a los ojos siento tu amor plasmado en la luminosidad de ellos y entonces mi dolor se desvanece y una sonrisa se dibuja trémula en mis labios. La forma de tu carita, el resplandor que se desprende de tu piel hermosa y melosa, que despierta todos mis sentidos para refugiarme una vez más en tus entrañas y no salir de tí jamás. Me tienes desnudo frente a tu mirada que expía mi cuerpo de toda culpa y lo sana de sus cicatrices más profundas; me tomas en tus brazos y entonces soy un bailarín circense y los sentimientos de amor acompañan cada uno de mis pasos.

Tus aromas embellecen el momento expulsando efluvios perfumados a fresa y maravilla. Se cuelan por mis narices y mi olfato reacciona ante el estímulo agitándose mi corazón en misteriosas proporciones. Disfrazada de noche penetras desnuda en mi pensamiento, imaginativo, luego mi intención se lanza desesperada a tus brazos y refugia mi cuerpo, absolutamente pertenencia tuya, en el tuyo, preparándose para visitar una vez más el Paraíso Terrenal que a mi alma tu existencia provoca (y qué si es una pura confusión la "existencia", esa es cosa de filósofos y no de corazones embriagados de amor) Ya ha menguado la noche, es hora de contemplar nuestro amanecer. ¡Mira el Sol! ¿no ves que de nosotros reclama su calor?

miércoles, 9 de abril de 2008

Oda a Tí

Tus ojos

Tus ojos son como dos cristalinas huellas del informe camino de mi locura por tu amor,
son el reflejo de tus sentimientos pregonando el límite oscuro de tus pasiones.
Aquellas diáfanas gotas de miel mezcladas con fantasía, purísimas ventanas a lo infinito,
despiertan mi ilusión de amarte por la eternidad y más allá de ella, rebrotan mi esperanza.
¿Cuán extenso es el horizonte insondable de su magia celestial que se difumina por mi ser?
¿Cuál el límite de mi agonía por poseerte en la sabia armonía de un amor preestablecido?
La poderosa influencia de tus miradas furtivas, que las noto en la ambiguedad del vacío,
llenan mi corazón del más tibio y a la vez acalorado sentimiento enardecido del amor.

Como dos mariposas volando por el jardín se posan en mi ser en la noctámbula desolación
de nuestros cuerpos en resposo en un lecho silencioso propio del después.
Hallan su descanzo en mis toscas formas, en mi patética existencia y se preguntan,
como un mar de cuestionamientos enarbolados a un fin etereo y místico.
Nada pueden responderse, mi dulzura, pues es inefable la respuesta de mi ser,
aunque en tu cuerpo me regocije contestándote con caricias y besos dorados
las preguntas más esotéricas de mi existencia, las sin solución alguna
esas que descollan por sobre las comunes, esas que abrirían mi ser para tí.

Como una noche estrellada contemplo en ellos, tus ojos maravillosos, tu lozanía,
el inextricable problema del ¿me amas?, la impenetrable duda del ¿estás conmigo?,
el inhallable destino de un ser mutilado por la agonía de la espera en ascuas.
La loza de tus límpidas pupilas reflejándose en las mías, asperas y agrietadas,
me ciega como el Sol de mediodía al viajero del desierto, me cansa como a él le hacen,
esos rayos relumbrantes de la fulminación divinamente ígnea,
pues la maravilla de lo perfecto lo descubrí vagamente, luego realmente,
cuando contemplé por primera vez tus ojos y caí profundamente enamorado en ellos.

Tu voz

Una vez oí una voz de gran volumen que cautivó mi atención por completo
y me sumergió en la cavilación constante de la experiencia del otro.
Era tu voz difuminándose por el vacío, como cantándome secretamente.
No sabía, en principio, si los efluvios divinos que oía se dirigían intencionalmente a mí,
así que hice un gran esfuerzo por comprobarlo como pude, sin éxito al principio,
ya que soy un ente disociado de la naturaleza social de este mundo y me ensordicé.
Cautelosamente miré tu rostro, me fijé especialmente en tus labios hermosamente dibujados
e intuí felizmente que tus palabras se dirigían a mí como una armonía perfecta.

En este estado delirante que describo, pues oirte no me fue nada fácil,
sobre todo por la forma poética como resonaban en mi cabeza y me aturdían,
fuí presa de un éxtasis tan hermoso, ¡oh, mi amada doncella!, que caí rendido a tus pies.
Así, enardecido por dentro y por fuera, presencié por primera vez, una de muchas,
la obertura de la más maravillosa sinfonía sublime que mis oídos gozaran.
Si supieras cómo tu voz me electriza por entero, si sonaran en tus oídos mis latidos
cada vez más intensos, comprobarías que me tienes por completo enamorado
y que, si de mí dependiera, no oiría más que tu voz hermosa en mis sentidos.

Es la osadía de mi ser por poseerte el escucharte sin hablarte y nada más gorzarte,
desaparecerme por un momento y tocar el cielo con las melodías de tu voz,
ser aspirante a músico y con toscos instrumentos intentar recrear la maravilla de tus palabras,
que me desvelan en noches alocadas cuando necesito que me hables y me digas que me amas.
¿Es que acaso tu voz es cual la trompeta del ángel que anuncia el fin del sufrimiento?
¿Puede ser que quizá halla Dios enviadome a buscar para disfrutar del cielo en tus encantos,
del rocío refrescante de tus palabras al oído que me estremecen y me hacen flaquear las piernas?
¿Es que acaso la música más sacrosanta halla bajado a la tierra encarnada en tus vocales?

Tu cuerpo (y la agonía del deseo)

Desde aquel portal dimensional entre la realidad y la utopía, desnuda, me vienes a buscar.
¡Dios me salve de no enloquecer al contemplar tu cuerpo a la luz de una vela mimada,
bajo la bóveda nocturna del silencio extraterrestre y pueda yo vislumbrarte siquiera!
Es que me parece tan maravillosa obra de la naturaleza tu cuerpo inefable y relumbrante.
Como olas submarinas, tenues y amorosas, tu cuerpo se une al mío y se hace posible
la experiencia religiosa de intuirte con mis sentidos abobados ante el calor de tu piel,
la gallardía de tus células chocando contra las mías en la eterna conflagración de los cuerpos
en la máxima demostración de amor que nos legó la sabia Naturaleza, la Madre Tierra.

Como un éxtasis resplandeciente se apodera de mí la pasión carnal de poseerte para siempre,
sub specie aeternitatis, como siempre digo vive el hombre, pues nada somos y nada seremos
ante la agonía insalvable del existir deseándonos sin saciedad, hasta el día del Adios Perpetuo.
Una y otra vez me hundo profundamente en tu ser encarnizado, en tu realidad objetiva,
en la maravilla de las formas, en la atemporalidad de ellas, aunque tan momentáneas sean.
He buscado el refugio del amor por vastedades que no comprenderías, las he buscado de noche.
Sin embargo no había terminado de buscar, cuando te saliste de la lontananza y apareciste,
te percibí gloriosa frente a la irrealidad e hicimos el amor como jamás lo habíamos vivido.

Tu cuerpo es el resumen de mis años de pellejerías, de caminante errático, cual Eterno Judío,
que jamás halló su tierra y condenado estaba a no hallarla jamás.
No obstante, el destino irreversible tenía otro derrotero para mí, el que nunca había tomado,
ese que me hizo encontrarme contigo aquella tarde de valentía y primeras veces.
Busqué un rayo que me iluminara el camino oscuro que recorría, además de escabroso,
y sin quererlo hallé una bóveda cubierta de riquezas salomónicas, tremendamente impresionantes
y ese gran tesoro lleno de fantasía y delirio, que me ha hecho decidir siempre habitar,
eres tú, con todo tu ser, es tu cuerpo encantado y colmado de sabores divinos.

lunes, 7 de abril de 2008

Encerrado en mi cuarto te contemplo una vez más.
Las fotografías que dejaste son el retrato de un amor,
una utopía que misteriosamente se transforma en realidad
y por la ventana abierta del ensueño se liberan como polen.

¿Notaste alguna vez que nuestra silueta en el soberano vacío
se proyecta en perfección sublime?

Formas que danzan como llamas ígneas de un fuego ladino,
se imprimen en la retina de mis ojos cansados
y forman armónicamente un caudal de recuerdos memorables
de los días floridos de la primavera de nuestro amor.

¿Es que acaso no perdura en tu alma el pueril sentimiento
mágico de aquellos días dorados?

Tu rostro conserva la lozanía y la belleza de siempre,
pues siempre han formado parte suya,
aunque muchas veces al mirarnos y al mirarte
no reconozcas que eres la mujer más hermosa del universo.

¿Pueden acaso los dioses olímpicos no sentir envidia de tamaña
perfección y bella forma en el cariz de tu rostro?

Alguna vez se preguntaron los efluvios pasionales de mi alma
cuán lejos podrían llegar a situarse de su carcomida base (mi alma)
y contentos y gloriosos respondieronse a sí mismos:
"Tendemos presurosos hacia el más infinito objetivo...

Tú"

Buscándote en la niebla de la existencia

Miro hacia el horizonte y te encuentro en la lejanía.
Te he buscado toda mi vida ¿sabías?
cuando te ví aquella tarde de otoño y vestías tu uniforme,
supe inmediatamente que algo importante serías.
Aunque me hunda hasta el fondo sé que estarás ahí para levantarme.

¿Has notado que el tiempo juntos corre vertiginosamente?
Si a veces mis horas vuelan en tus brazos.
A veces el Sol se mueve más rápido por la lozanía del cielo,
incluso hay veces que es como si abriera y cierrara mis ojos
y de pronto tuviera que partir otra vez.

Cuando no estás conmigo, cuando la lejanía se acrecenta
siento que no puedo respirar, me asfixio
y busco la manera de hallarte sentada sobre mi cama
con la mirada risueña, con los ojos sinceros
y en un beso sellar absolutamente el vacío tu ausencia.

Transcurriré a tu lado por el tiempo que me permitas,
hasta que nuestros momentos se consuman por completo,
por el valle insondable de la existencia
intentando, aunque cueste un esfuerzo,
solapar diariamente la tristeza en mis ojos.

Y al reencontrarte sentada en un banco de la ciudad,
mi rostro volverá a sonreir y mi corazón a latir,
pues la razón más hermosa de mi vida has sido
y lo serás nuevamente cada día
hasta que mis entrañas dejen de estar tibias.

domingo, 30 de marzo de 2008

Nocturne

Mientras nos despedíamos, el Sol se apagaba en el mar y el cielo lucía inerte. No habían estrellas aún, esas que me iluminan y son como cascabeles que me hacen sonreir. La luz de la noche me abarcó por completo y las irreales de la ciudad me hacían ilusionar por un futuro juntos caminando por la avenida, buscando quizá nada, pero juntos. Nunca me pareció más eterno el instante del ocaso.

Tus labios me llenaron de deliciosas caricias y tus palabras de esperanzas que danzan presurosas por mi alma y se proyectan en ideas regidoras. El constante e indetenible latir de nuestros corazones conformaban una armónica escala musical que llevó -y aún lleva- por nombre Amor, difuminándose a través de efluvios sonoros en el espacio, contagiando de alegría a las rosas y los girasoles, a los gorriones y jilgueros, a la fauna de cemento, a las aguas que cruzan nuestro valle.

"¿Qué piensas?" me preguntaste llena de duda por la mirada que proyecté al horizonte, como tratando de penetrarlo. Concentrado, en silencio, meditativo y con las pupilas dilatadas intenté darte una explicación, pero el solipsismo es tan equívoco e inpenetrable de traducir que sólo pude balbucear que pensaba en mis miedos. Fue cuando me abrazaste y con esa sola acción, tan simple y gratuita, echaste abajo miles de miedos y de horas de sufrimiento. Eres una hechicera que con su blanca magia benigna le ha devuelto la vida a un poeta apasionado.

No importa lo que ocurra de aquí en adelante. No importa si el cielo se obscurece por completo por siempre, pues yo iluminaré tus noches con mi luz. No importa que los truenos roben el silencio de la noche y tengas miedo, porque con mis abrazos y caricias volverás al sueño. No importa que la lejanía nos separe, pues siempre estaré aquí esperándote con mis brazos acogedores y sólo tuyos. No importa que una agobiante discusión nos quite parte del tiempo de nuestras vidas, pues hemos aprendido de a poco a solucionar todo. No importa que no puedas verme diariamente, pues siempre estaré para tí cuando puedas y lo haré predicando el amor que por tí siento. Lo que sí importa es que vivas con el pensamiento de una vida llena de fidelidad, de comprensión y de incondicionalidad, porque eso, eso soy yo.

El beso que me regalaste antes de irme aún lo llevo en mis labios y la única manera que sea relevado es con los mismos labios que lo pusieron tan tibia y sabrosamente ahí. Llevo todo lo tuyo dentro de mí. Siempre estaré a tu lado, pues ese es realmente mi verdadero hogar. El mundo está vestido de blanco. Y la noche bailó con mis sentimientos y te dibujaron las estrellas...

jueves, 27 de marzo de 2008

El Ocaso

Las horas habían comenzado a apurar su inconstante marcha y nos preparábamos para partir. El Sol se levantaba solemne, vetusto y aciago y nuestras manos se entrelazaban nuevamente. ¿Recuerdas el aroma de esas rosas que se asomaban cautelozas por entre las rejas de aquella casa? Entumidos por un gélido viento nos abrazamos. Fue entonces cuando miré tu rostro y penetré en tus ojos transportándome a etéreo viaje.

Qué lozanía más maravillosa refulguraban ellos.
Qué pureza en tu delicada piel, qué cálida se sentía al tacto.
Qué maravilloso elixir el sabor de tus besos, de tu boca encendida en manceba pasión.
Qué maravilloso penetrar hasta el fondo de tus pensamientos, contemplarlos como quien contempla una sala de arte, deslumbrarme por tus sentimientos hacia mí.

Si la felicidad se puede resumir a unas cuantas palabras de un mal poeta, quisiera que las leyeras expresadas en mis impresiones de aquel momento. Pues cuando la luz de la realidad se apaga dando paso a la nocturna excitación de los sentidos, el romántico viaje emprendido en tu ser rebosante de relumbrancia me despierta al más etéreo delirio eudaimónico.

Aquella tarde reías grandemente de mis torpezas y ocurrencias y fuí feliz al verte feliz. Acariciaba tu rostro y tomaba de tu mano, te observaba caminando como perdida en tus pensamientos y sueños. Lo más valioso de lo nuestro, es la forma. Siempre las formas son lo bello, quizá por eso alguien dijo que una buena definición de belleza era "La perfección de las formas". Aunque, si me lo permite mi ignorancia, y en base a lo que he escrito, me quedo con la de Schelling: "La belleza es la eternidad reflejada en lo finito". ¿Cómo no atribuirle genialidad a sus palabras, si los momentos más hermosos de mi vida los llevo en la mente como inmortalizados? Y qué mayor placer haberlos vivido a tu lado. Eres lo mejor de mi vida...

Al atardecer, abordamos "la amarilla" y nos perdimos entre los hombres. El ocaso era inminente...

Póstumo (palabras sin tiempo)

Cuando veas el retrato de mi rostro en escritos como éste, notarás los efluvios de tristeza que me atravesaban por completo. Lágrimas superfluas forman cauces en mis mejillas. A nadie más le importa lo que me pasa, porque nadie lo ha provocado. En la soledad insondable de mi alma, escribo como un poeta en lontananza.

¡Qué maravillas observé cuando estabas conmigo! Los cielos eran diáfanos y los árboles nos sonreían, mientras tu mirada angelical rebosaba de alegría. Hoy en el funesto sitio en el que me hallo, se trizan los vitrales eternos de aquellos días felices. Probablemente mientras leas esto ni siquiera existiré para tí, mas, así es el ocaso infausto de los amores, cuando un alma enferma (como la mía) se atreve a sondear en sus mares sin fondo. Quizá rías más, quizá ames mejor, quizá mi recuerdo en tu retina saque una tímida sonrisa, que luego se apagará para volver al olvido.

No deseo más en la vida que verte sonreir llena de felicidad, aunque muchas veces al hacerlo no lo sientas realmente (menos conmigo). Aquel poder sagrado de hacerte feliz ya no me pertenece, pues lo perdí porque las armas de los ángeles jamás permanecen durando en manos humanas, más sobretodo de alguien tan horrible como yo. Te juro que, ahora que escribo, voy a aprovechar lo más que pueda la resina que aún queda en aquella varita mágica que está por romperse.

Cómo desearía una segunda oportunidad. Cómo deseo con todas mis fuerzas que volvieras a amarme tanto como lo hacías esas noches de verano, tomados de la mano, disfrutando de la sabrosa menta que brotaba del cigarrillo, sonriendo por cualquier cosa que ocurriera alrededor nuestro. Un retiro al desierto de mi alma me costó perderme el paraíso que ofrecías.

Aguda es la tristeza en mis momentos instrospectivos cuando trato de decifrar en qué momento el idilio se volvió rutina, cuando intento buscar y volver a buscar el motivo que te dí para dejar de amarme, para abandonarme en la miseria de mi existencia, cuando te ofrecí romper tus promesas y perderte en el horizonte aquella tarde de invierno. No quedan más palabras en mi alma. No quedan más pasiones en ella. Ha llegado la hora de perderme en el Infinito y en el Tiempo...

Carta de un enloquecido.

viernes, 21 de marzo de 2008

El Amor

El Amor para mí es un despertar eternamente en la ilusión de volverle a ver lo antes posible.
Es para mí también, aquellas puras y cristalinas lágrimas caídas por la espera.
El Amor significa "Filiación" y con ella unión total y fiel.
El amanecer más glorioso y utópico que el hombre puede vivenciar.
Amar conociendo al otro, aceptándolo, comprendiéndolo, apoyándolo, en conclusión, marcar la diferencia entre todos los demás que suponen amar.
Un torrente con cauce incierto, un vendaval sin dirección que se estrella contra la existencia.
Amarte para mí es poesía y, quizá con cierta certeza, puedo declarar que para mí, como para el poeta, poesía eres tú. Cada mirada, tus cabellos movidos por el viento armoniosamente, cómo te mueves, como respiras, como contemplas, como suspiras, como piensas: en síntesis, todo lo que haces y eres para mí es la más profunda y significativa poesía.
Y al fin, Amar para mí es yacer a tu lado hasta la Eternidad...

Un día juntos

Cielos diáfanos conforman la bóveda celeste,
árboles vivientes con hojas moviéndose al compás del viento,
una tenue brisa acaricia nuestros rostros y danzan tus cabellos,
nuestras manos unidas por la filiación amorosa
y, sonrientes, nuestros ojos contemplándose mutuamente.

Los senderos se manifiestan ahí, deseosos de ser recorridos,
y calladamente nuestros pasos se tornan infinitos
mientras danzan las voces con que acariciamos nuestros oídos
y de paso nos seducimos y arrullamos con palabras decorosas,
en la tarde otoñal del nacimiento del Amor.

Sonrisas y abrazos acalorados inundan mi recuerdo
de los días cuando el sueño se concretizó, se hizo realidad,
ese que gobernaba nuestras noches y anhelabamos en vigilia.
El aroma de tus cabellos, el calor de tus besos
y esas tibias miradas que se tornaron en fuego.

Ahora que estás ahí, frente al umbral de lo eterno,
te das vuelta y contemplas lo que has construído día a día
y, satisfecha, te paras orgullosa
como yo lo hago mil veces cuando, con emoción,
recuerdo aquel primer día: el paradigma de nuestros días.

viernes, 15 de febrero de 2008

Tu retrato en lontananza dentro del círculo de la inminencia

Alguna vez Borges dijo que el ser humano (quería) vivía sub specie aeternitatis (desde el punto de vista de lo eterno). Al amar prometemos amor eterno; al sentirnos a gusto, deseamos "siempre" sentirnos así; al odiar, odiamos "para siempre". Desde el punto de vista de lo eterno es como ha sido vivida mi patética existencia. Así he vivido, mas así no lo deseo cuando logro meditar al respecto. Hierático frente al portal del mañana, logro visualizarte tenue, porque es inminente que te alejarás de mí.

Mañanas miserables, tardes llenas de locura y noches rebosantes de lágrimas unidas todas para caer, lobregas, sobre mi persona y arrebatarme el gesto pacífico que dibuja tu cercanía en mi rostro. Probablemente me tomo las cosas muy en serio. Quizá soy algo exagerado, pero mi existencia es así, sub specie aeternitatis...

Al observarte retratada en el jardín eterno de mi memoria señalo melancólicamente tu figura, ahora en lontananza. Puede ser que estés trascendiendolo, o quizás, por el contrario, estás queriéndote salir de él. Mas, ni con tu máximo esfuerzo puedes arrebatárteme del corazón. Pues, como dijo Neruda, "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido" y no es que quiera olvidarte, sino que no podría hacerlo. Es simple, pero trágico.

Ahora estás frente a mi umbral... ¿qué noticias me traes?

martes, 12 de febrero de 2008

Desde el umbral

En tu umbral, desesperado, buscando la llave que me conduzca a la gloria de los días felices.
Me siento terriblemente desahuciado, pero tú quieres verme sonreir.
La soledad penetra por mis venas y envenena con infausta ponzoña cada gota de sangre que fluye a través de ellas.
Lo más insoportable es saber que estoy equivocado, mas cuán gracioso es sentir el horror atormentado en el umbral de la muerte, justo en frente de ella, como deseándola, saboréandola sin haberla aún vivido -o muerto. "Espero, después de haber expresado en esta tierra todo lo que aguardaba de mí, satisfecho, morir completamente desesperado" y el sueño, o la pesadilla que tozudamente me despierta cuando te alejas de mí por voluntad de terceros, se desprende, laminada, y se me pega a la frente como amuleto oriental. Así, fúnebre en mis lobregos aposentos, rebosantes de tinieblas relumbrantes, nacen y se configuran mis deseos de fenecer.

Segundos de pasión mezclada con adormecimiento se mutan para originar al más terrible de nuestros fantasmas: la Separatividad. Te haces una y te sumerges en tus cavilaciones, en el lado que te toca de sombra, mientras yo me frio en el sartén de la desesperación, mi lado en llamas, cubierto de hojas de papel con líneas escritas en diversos idiomas, todas terribles, todas llenas de gemidos. Nuestros corazones se agrietan y sangran abundantemente, mientras la muerte penetra sigilosa por nuestras venas y bebe el impío elixir carmesí, que es su sabia, para esconderse, finalmente, en nuestra voluntad -en la mía. Furiosamente te desligas de la rabia y refrenas mi auto-mutilación. Entonces me salvas, me seduces con voz dulce y me entregas tus senos desnudos para que me hunda nuevamente en ellos, buscando protección. Vuelvo a ser un imberbe, me torno un lactante, me disfrazo de niño.

Y así nuevamente, con mis ojos hinchados y los tuyos arrepentidos, volvemos a llamarnos amantes... estás libre de toda culpa, estoy libre de todo perdón...

viernes, 8 de febrero de 2008

Distracciones de una pluma dormida

Espurio y vertiginoso a nuestros sentidos fluye la sensación de aniquilación inmanente al ser humano, tan intrínseco como su afán por conseguir vivir sub specie aeternitatis. Sufrimos constantemente el azote infausto de la condena que pesa sobre nuestros cuerpos viciados por el sufrimiento y la desolación, causa de la vida que vivimos opacada por la confusión.
¿Ves aquella ventana? Es un portal místico hacia lo desconocido, es el primer paso al sendero virgen del amor. Las infortunadas secuelas de antaño se sellarán definitivamente cuando te bese nocturno, lleno de lujuria, sediento de tus besos, transportando en cada gota de sudor las semillas invisibles del amor, derramándolas en tu cuerpo desnudo, aquella silueta divina que me transporta a la Eternidad, y las tuyas que vienen a mí a través de tus bálsamos etéreos emanados por tus poros y que penetran por los míos y rejuvenecen mi desnudez, mis ojos, mis labios, mis palabras... ¡Bendita tú que juegas con el Tiempo a tu antojo sin hacerme comprender cómo lo haces!

Ya amanece y tus cabellos reposan sobre la almohada. Tu cuerpo, hierático, parece fenecido y una etérea palidez se apodera de él. Observo cuidadosamente cada detalle y me asombro por la perfección de tu figura, por la belleza de tus formas, por el aroma de tus efluvios. Una ráfaga de viento entra súbitamente por la ventana de nuestra existencia y nos hace temblar de frío, nos abrazamos y esperamos juntos que haga su eterna aparición el Gran Astro. Rayos de luz penetran tenuemente las ventanas y se unen a nuestro brillo interior. Por fin somos eternos.