lunes, 29 de agosto de 2011

Risueña

En tu rostro de nieve se dibuja una sonrisa,
y los ángeles te miran con ternura.
Dios te mira de reojo y sonríe junto a ti.
Un simple mortal una mirada lanza,
tu voz delicada y suave lo recubre como
el rocío matutino, es refrescante como el agua de manantial.
Un hombre que se recrea en tu sonido existencial,
un ser que encuentra la felicidad en tus anécdotas.

Tu mirada de niña es canción sempiterna.
Tus cabellos sinceros, tu boca perfecta,
tu boca como un dibujo de pintor absoluto,
de sembrador de estrellas,
de pescador de luciérnagas marinas,
una entrada al ser, tu contacto con el amor y el mundo.

Ocasionas milagros vestida así, con tu traje divino,
sonriendo, como siempre, una sonrisa me sacas
y echas al olvido mis lágrimas latentes.
Me haces contentar con tus palabras graciosas
y a veces incluso me provocas, mujer risueña,
perspectivas ocultas de riveras lejanas,
como un barco infinito
recorriendo una distancia sin tiempo.

Estrella nocturna, junto a tus dos estrellas pequeñas,
formas constelación con ellas, deslumbras el mundo
y das junto a ellas tu papel
en el esfuerzo que Dios nos dio un día
creando la belleza en el mundo.
Porque eres pétalo de rosa onírica.

Qué podría decirte por medio de palabras,
de conceptos absurdos, de voces vacías.
Más podría decirte con mi mirada inocente,
y mis brazos tibios abrazándote fuerte.
Sin embargo, el mundo es una expresión absoluta,
que se muestra desnuda en la noche desierta.
Y un ósculo dejo, para inmortalizarme en tus labios..
para ser absoluto, como tu ser, preciosa gurisa.

domingo, 28 de agosto de 2011

Variaciones y un final.

Tus alas dejan un halo mágico de vacío y sinrazón.
Se perdió tu mirada aciaga en la desazón,
desazón de vivir muriendo por un día perfecto,
de flores y tierra húmeda, de ocaso y renacimiento.

Tu voz flautista, atrayéndome.
La miel llamando a sus trabajadores, mis manos
relumbrando hacia tus mies.
Y luego, luego la nada, o quizás el amor y la nada.

Te poseo como poseo las estrellas, te poseo lejana;
un pocillo de greda carcomida por el tiempo,
un cántaro de agua putrefacta,
una lámpara mojada de lágrimas celestiales.
Un libro abierto sin palabras,
melodía infausta condenada al olvido.
Una ventana abierta al mundo gris invernal,
una nube grisácea de colores pálidos.
Esperanza descarnada, descarrilada en la pesadilla
del mundo. Y Fausto con Mephistopheles caminando
bajo la noche de Walpurgis.

Llanto contenido, brotas como una gaviota hacia altamar.
Vas tan lejos que ni Dios puede seguirte,
con su impertérrita mirada absoluta.
Viajas lejos, como el amor viaja a través del tiempo detenido.

Te detienes en una corniza de catedral, contemplas hacia abajo,
Raskolnikov, Sinclaire y Gregorio caminan por esas calles
húmedas y malolientes de una Europa sombría.
Son tus habitantes, como los que habitan la morgue infausta de un orfanato.

Se enciende una llama, ¿quién es el que atraviesa ese sórdido pasillo?
¿No es que vienes otra vez, ruina sempiterna?
¿No ves que estoy cansado, pálido reflejo de otros tiempos?
¿No ves que esta soga que sostengo es el único destello de eternidad?

Sin título

Tiempo sin tiempo que te haces devenir en mi sangre, en mis venas, que pareces sombra de eternidad.
Una mirada que se proyecta al horizonte, lejanía cubierta de nubes oscuras, cargadas de agua,
listas para soltarse sobre la ciudad sombría un día gélido de invierno austral.

Mis vasijas se vaciaron, en tus ojos melosos. La melancolía no es signo de muerte, sino de vida,
es eternidad atemporal, es un susurro de Dios a su creación. Viajo en la vorágine de la existencia.

jueves, 25 de agosto de 2011

Susana..

Fuiste farol de habitación pequeña,
lumbrera nocturna de mis inocentes pasos,
cuando la niñez revoloteaba en mis carnes,
cuando la vida era toda nueva, era toda multicolor.
Fuiste la que disipó la lágrima viajera de temor nocturno,
fuiste madre y enfermera, profesora y tutora,
fuiste candor del fuego más ígneo,
fuiste amor y tibieza de hogar primigenio.

Fuiste plataforma de mis sueños perdidos,
musa inspiradora de mis oraciones nocturnas,
fuiste evangelizadora de mi alma y me hiciste conocer a Cristo,
adornaste de aromas y flores el recuerdo lejano de mi niñez.
Severa y estricta, me enseñaste el valor de la perseverancia,
del sacrificio, del amor salvaje de mujer terrena,
contigo conocí que la contradicción no existe en una madre,
pues su vida está hecha con material dialéctico infinito.

Fuiste y has sido, madre mía, el altar de mis lágrimas,
fuiste y has sido donde he depositado mi confianza,
la roca inalterable donde edifiqué  mi vida
y donde cantando, ambos, construimos el porvenir.
Eres y has sido, ¡oh, corola cósmica!, bendición,
amor, paz, sabiduría y eternidad,
en el bosque perpetuo de mi pasado exiguo,
en el campo florido de mi vida remota.

Cuando leas estas palabras, madre loada,
mira mi rostro de niño, míralo en tu recuerdo de madre
cual cuantas veces lo vio mirándote adormecido
o envuelto en el sufrimiento de tanta herida que le infringió el mundo.
Míralo, madre querida, porque en esa mirada te encontrarás a ti misma.

Las estrellas son más inmensas porque iluminan nuestras vidas,
juntos vamos caminando hacia la eternidad.
Flores adornan los valles del porvenir, porque los sembramos,
uno al lado del otro, porque nuestras miradas se ejecutaron hacia el infinito.
Del mar y de la tierra, de la materia inerte y la vida,
de los contrarios heraclíteos de la naturaleza y de la muerte,
jamás se oirá mejor barcarola que la que canta mi corazón marinero
cuya esencia ha sido la que tú ya conoces y que tanto te ha herido.

Si Dios preguntara al alma in-carnada: ¿Qué deseas de tu vida, hijo querido?
Yo le habría respondido algo que ÉL supiese que te hiciese feliz, madre mía,
jamás habría pecado contra ti, jamás hubiera deseado una lágrima de tu mejilla
por culpa de mi condición.
Es más, bendición de mi vida, yo habría pedido a Dios que mi vida fuera
una ópera magna al loable trabajo que con tanto amor te esmeraste.
Mi vida, bajo esa circunstancia, sería tu felicidad
y tu felicidad, sería mi vida.

No obstante, aunque el viento sople lejano y golpee nuestros rostros desnudos,
siempre habrá el calor que el amor originario,
el amor cósmico terrenal, nos ha otorgado a los hijos de la tierra
y por siempre jamás nos separaremos...
Porque somos un alma enardecida, porque nos buscamos el uno al otro,
porque sin el otro no vivimos y si no vivimos pero sin vivir;
porque bajo la lluvia el sonido sobre el piso canta tu nombre,
porque en la noche inmortal las estrellas simulan tu rostro..

Porque simplemente, ¡eres mi madre!, y esa sutil simpleza
es la potencia divina que le hace gracia a mi vida..
Sin ti la vida no sería feliz.. sin ti, porque eres la estrella absoluta
que alumbra este planeta lleno de confusión...

Porque eres Susana, mi madre y la mujer que más amo y amaré...

martes, 16 de agosto de 2011

Isla Mágica

Abordamos el ferry que nos conduce hacia ti, isla mágica,
fruto de la mutación divina de la Tierra.
Atravesando el mar, el viento devana en nuestros rostros
y las toninas acompañan la maquinaria flotante,
tan pesada y tan pequeña a la vez, tan insignificante
avanzando por el infinito mar del Sur de Chile.

Te avistamos a lo lejos, como una mancha verde en
un terciopelo azul, una verde oscuro, con los colores
de mi tierra favorita, despertando el sentimiento
del poeta que te canta, oh! tierra hermosa.
Eres una mancha verde, que Dios pintó
en el tiempo en que rebosó en expresionismo.

La mole de hierro se ancla en tu orilla y por fin bajamos.
La mujer que me acompaña, con su mirada de niña,
contempla, absorta, tu hermosura de corola divina.
Sus ojos miel se mezclan con el verdor de tus alerces,
que cubiertos de hojas allá arriba,
se coronan como el roble mapuche en la Araucanía.

Isla mágica, tu mirada huele a humedad mística,
con el trauco y la pincoya, con el curanto y la cazuela de cordero,
con el humo absoluto de tu tierra, que es tu esencia y corazón;
isla mágica, tu verdor más absoluto, es gigante,
como la hoja de nalca en tus lunares más ocultos.
Isla mágica, eres jade legendario, eres verdor tan bello,
eres un ombligo coronado de semillas.

Adentrándonos en tu corazón, vemos tu cuerpo hollado por el pescador,
por el chilote lobero, por el agricultor de mar, por una vida de red,
de campo, de río, de lago cristalino, como el Huillinco al alba
que refleja el cielo absoluto en su húmedo espejo,
cual esconde en su fondo, al rey marino,
el salmón, general submarino.

Si mi corazón pudiera decirte, todo lo que de ti se apropió,
no bastarían las hojas de ninguna oficina, de ninguna universidad,
de ninguna librería, pues serían millones de sensaciones
que imprimiste en mí, isla querida, pues,
nuestro amor fue a primera vista.

Desde el puerto de Chonchi, te contemplaré hasta el infinito...