martes, 16 de agosto de 2011

Isla Mágica

Abordamos el ferry que nos conduce hacia ti, isla mágica,
fruto de la mutación divina de la Tierra.
Atravesando el mar, el viento devana en nuestros rostros
y las toninas acompañan la maquinaria flotante,
tan pesada y tan pequeña a la vez, tan insignificante
avanzando por el infinito mar del Sur de Chile.

Te avistamos a lo lejos, como una mancha verde en
un terciopelo azul, una verde oscuro, con los colores
de mi tierra favorita, despertando el sentimiento
del poeta que te canta, oh! tierra hermosa.
Eres una mancha verde, que Dios pintó
en el tiempo en que rebosó en expresionismo.

La mole de hierro se ancla en tu orilla y por fin bajamos.
La mujer que me acompaña, con su mirada de niña,
contempla, absorta, tu hermosura de corola divina.
Sus ojos miel se mezclan con el verdor de tus alerces,
que cubiertos de hojas allá arriba,
se coronan como el roble mapuche en la Araucanía.

Isla mágica, tu mirada huele a humedad mística,
con el trauco y la pincoya, con el curanto y la cazuela de cordero,
con el humo absoluto de tu tierra, que es tu esencia y corazón;
isla mágica, tu verdor más absoluto, es gigante,
como la hoja de nalca en tus lunares más ocultos.
Isla mágica, eres jade legendario, eres verdor tan bello,
eres un ombligo coronado de semillas.

Adentrándonos en tu corazón, vemos tu cuerpo hollado por el pescador,
por el chilote lobero, por el agricultor de mar, por una vida de red,
de campo, de río, de lago cristalino, como el Huillinco al alba
que refleja el cielo absoluto en su húmedo espejo,
cual esconde en su fondo, al rey marino,
el salmón, general submarino.

Si mi corazón pudiera decirte, todo lo que de ti se apropió,
no bastarían las hojas de ninguna oficina, de ninguna universidad,
de ninguna librería, pues serían millones de sensaciones
que imprimiste en mí, isla querida, pues,
nuestro amor fue a primera vista.

Desde el puerto de Chonchi, te contemplaré hasta el infinito...

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