Tiempo sin tiempo que te haces devenir en mi sangre, en mis venas, que pareces sombra de eternidad.
Una mirada que se proyecta al horizonte, lejanía cubierta de nubes oscuras, cargadas de agua,
listas para soltarse sobre la ciudad sombría un día gélido de invierno austral.
Mis vasijas se vaciaron, en tus ojos melosos. La melancolía no es signo de muerte, sino de vida,
es eternidad atemporal, es un susurro de Dios a su creación. Viajo en la vorágine de la existencia.
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