martes, 25 de diciembre de 2012

Fatamorgana

¿Qué si nuestra vida es como la trayectoria de un planeta?
Obscurecido, malhumorado, el viento se dirige hacia lo incierto
(encierra en su tolvanera los besos que te envié)
¿Por qué Jenny no leyó las cartas de Forest?
¿Acaso nunca llegaron a sus manos?
¿Acaso no fueron su anhelo y por ello fracasaron sus envíos?
La terraza cósmica se barre y el sol cae oblicuo sobre el jardín.
Un pequeño girasol cae en ángulo recto,
es porque ha muerto.

Tu paciencia constituye una bóveda intrínseca,
nada de ella sale ni nada entra
y no puedo mirarte ni a los ojos,
pues le mientes a mi alma
como el sol le miente a mis sentidos.
Una trayectoria, un físico, papel y lápiz
un trazado de líneas vectoriales
una búsqueda sin carne ni latidos,
pero una búsqueda certera.
Quizá quiera una mentira,
o la confusa fatamorgana que me muestras,
antes que conocer la verdadera savia de tu tallo.

¿Por qué olvidaste aquello que nos unía
o aquellos,
o aquel día,
o la noche,
o el oscuro remanso subterráneo donde nos hallábamos
aquel día
o aquella noche?

Te vi caer de las estrellas y mi polvo no pudo sostenerte,
te vi tan frágil cada día
como una cometa deshilvanada.
Quise salvarnos sin salvarme,
quise ocultarme en los viejos recovecos,
polvorientos y endebles muebles de nuestra casa,
quizá recoger los pétalos de las rosas
que se llevó lejos el otoño.
Quizá me encontré con tantas caras
que tuve miedo de acercarme,
pues no pude reconocer la tuya entre todas ellas.

Y entonces me agacho y me recuesto
y espero paulatino hacerme polvo,
no encuentro más consuelo que el retorno
al enjambre final del horizonte,
o quizá hallarme en un mar de olas amables
donde pueda reconocerme como propio.
Es porque te busqué en las siluetas
de tantas calles y avenidas
y jamás pude hallarte detenida
con tu poderosa sonrisa eternizante.
Quizá mañana, mañana quizá
vuelva a hacer recorrido de Planeta
flotando el universo por fuerzas invisibles
deambulando cósmico y eterno
con mi curvatura propiamente errante
y en alguna montaña de Marte
o en alguna luna de Júpiter
escuche tu clamor amigo,
invitándome
a abrazarte en una ronda de estrellas matutinas.


Esperaba

Estaba siempre yo ahí
esperándote, esperando
y tú no te mostrabas
porque no me esperabas a mí.

Entonces, divagué,
pensé tantas cosas,
refresqué mi alma
de mil formas
de mil formas.

Pero tú no estabas ahí,
tú no estabas.
Andabas de viaje
en tu soledad.

Una vez la Luna salió
y mi noche iluminó
mientras posado en mi escritorio
te recordaba,
te recordaba.

Tenía tantas ganas de abrazarte
pero no me atrevía,
no me atrevía
pues no quería molestarte,
no quería.

Y tantas noches se fueron así,
ahogándose en el tiempo mis ansias
y de pronto comencé a enfermar
porque mi medicina eras tú.

Quizá ahora estoy muerto
y tú vives,
y tú vives.
Porque un hombre jamás reposa
hasta que el veneno se acaba.

Tanta sangré se fue
por torrentes,
por un río,
por atardeceres escarlata,
por las blancas planicies
cordilleranas.
Tanta sangre se fue,
porque mi corazón no dejó de latir
frenético, locomotor,
desde que de ti me enamoré...

lunes, 24 de diciembre de 2012

Carta a un Amigo..

Una nube atraviesa el cielo,
paulatinamente se va haciendo de noche
una noche más, parecería,
pero no, no es una noche más
es Noche Buena.
Hace un par de miles de años
cuentan las leyendas que nació un hombre
que vino a darle paz a esta tierra.
Era el Hijo de Dios.
Fue un gran hombre y fue un gran Dios.
La vida es un regalo que jamás dimensionamos,
pero la muerte es el mejor regalo que Dios nos dio.
Hizo de la muerte, aquello que tanto tememos,
la muerte, sí, esa extraña cosa tan absoluta,
lo único seguro en nuestra existencia...
Todo eso que tememos, lo transformó en esperanza
y vivimos en un mundo que carece de esperanza
Pero somos seres elpídicos, decía Pedro Laín.
Declaramos de tantos y muy disimiles modos que tememos a la muerte,
sin embargo, ¿aprovechamos la vida?

Yo conocí a un hombre, un hombre real, un hombre gigante.
Tenía brazos gigantescos y construía palacios.
Cuentan que levantaba tres veces su peso
y que con una expresión de su rostro
sacaba felicidad del alma de aquellos que lo acompañaron.
Decían que en su mesa jamás faltó el vino,
que cuando estabas con él, no tenías que preocuparte por nada.
Te protegía, te hacía sentir tan feliz, un abrazo de él,
si eres hombre, te dejaba sin aire.
Y, como una brisa que acompaña al alba,
ese hombre refrescaba el alma de sus niñas y sus amigos.

Ese hombre vivía intensamente y construía sueños...
Dicen que tenía un martillo que espantaba todos los miedos,
un serrucho que cortaba cualquier llanto y lo transformaba en risas.
Tenía una pala, donde enterraba los problemas de sus amigos,
un vehículo que transportaba anhelos, sonrisas, abrazos..
Cuentan que este hombre, era excepcional...
Y.. yo conocí a ese hombre. Su nombre, José...

La noche avanza, y con ella nuestras ganas de abrazarlo.
De tocarlo, de mirarlo, de sentir su aroma, de escuchar su voz.
La noche avanza tan pura y tan mágica, como la vida que nos legó.
Esta noche, lo único que nos provoca un tanto inquietud,
es la certeza que esta Navidad, estará sentado a la mesa más
excelsa y rebosante que existe: La Mesa de Dios...
Está disfrutando del espectáculo del mundo, mirando desde el cielo...
Y, el mejor regalo de navidad que recibiremos, será el beso de buenas noches
que nos dará
a cada uno de los que estamos aquí
cuando venga a hacer su visita....
Nunca te dijimos un adios, amigo, sino un "hasta pronto"
y, quien sabe,
quizá,
en algunos años más (esperemos que sean hartos)
estaremos los mismos
los mismos que ahora estamos aquí,
pero junto a ti..
Ven a visitarnos...
Te aseguro que nosotros algún día también iremos
a regalarte
nuestro abrazo eterno
junto a Jesús.. Junto a la Virgen, a los Santos..
y junto a Dios..
En estos días creemos que nuestras vidas están partidas..
Pero tú las unirás.. pues,
eras un experto construyendo y reparando..
Ahora eres un ángel que reparará nuestras vidas.

Y habrá un puesto más, un vaso más
y un abrazo más.. Porque jamás te irás de nuestros corazones..
Cuida a mi Abuelo, dile que lo amo..

Hasta Pronto! Amigo Pepe...

domingo, 9 de diciembre de 2012

Fenestra

Te vi flotar en el viento absoluto en mi ventana,
como lo hacen las hojas en otoño,
como los sueños de un niño en el verano.
Renaciste en mi mente y en mi cuerpo,
te plantaste de lleno en la existencia,
interpretaste una música callada
cuyas notas sonaron sólo en mis oídos.
Bañaste rebosante una playa en el olvido,
reapareció la noble llamarada en nuestro Sino,
operaste desde lejos, hiciste maromas en el limbo,
cosechaste un mar de rosas
y sus olas acariciaron mis cabellos.

¿Dónde estabas?
¿Dónde fue tu estacia tan incierta?
¿Construiste, acaso, una mansión
en el terruño corpuscular de un beso,
mientras el viento soplaba su música
divina
como un pasaje oculto en la mirada
más intrépida de tus acaramelados ojos?
¿O te fuiste sin vela a un mar lejano
donde ya no te alcanzaban ni mis llantos?

Surgiste una naturaleza muerta,
de un retrato silencioso y empolvado
y tantas tardes oré tu nombre
que Dios me pidió que me callase.
Corrí por océanos solitarios,
refundé tantas ciudades holocaustas
donde la pila de recuerdos más ardía
en las oscuras sinagogas relumbrantes.
Sembré las estrellas con ideas,
bañé mis pies en cósmicas orillas,
atravesé el espacio en un zumbido
con un garbo que alegró la luz del Sol.

Y... ¡reapareciste!
Te vestiste de gracia con palabras.
Desnudaste tu cintura danzando en el espacio,
nos trajiste el vino y lo libaste
y lo ofreciste a mis agotados ojos elegíacos.
Me besaste de noche tan desnuda
que tu brillo oscureció todos los objetos
y tu cariño
y tu paz
y tu amor
volvieron como vuelve la Tierra sobre su eje,
uniste nuestras almas,
en una rapsódica melodía sempiterna..


sábado, 1 de diciembre de 2012

Esperanza

Cuánto somos, cuánto damos,
un esfuerzo supremo en la existencia,
inspirándote día a día a vivir.
Hacer, permanecer, fenecer,
me parecen términos sinónimos
cuando la vesánica vivencia de lo ido
me aparta secretamente del presente.
¿Por qué no hay un mapa del futuro?
¿Por qué no hay una mano fraternal
en el oscuro vacío de una pena implacable?

Hacemos la vida, siempre y a cada paso,
como un velero que viaja hacia el olvido,
como el mar recoge sus olas y las cierne
sobre una orilla desgastada por el tiempo.
¿Cómo me rehago si ya olvidé cómo me hice?
Apresurarse con talante irrenunciable
como una marca ajena en el ombligo
espantarse la tristeza con presteza,
como si la única ansia fuera estar vivo.
¿Cómo re-ensamblarme si olvidé
el hombre que soy y el que he sido?
En las calles anegadas de sedimento
fusionado el tiempo, el espacio y el sentido.
Yo quiero armarme y dejar de parecer un adefesio.




miércoles, 21 de noviembre de 2012

A la niñez y a la madre

¡Oh, niñez! ¿Cómo te has ido?
Cuando abro los ojos,
despierta el niño que fui.
No busqué jamás sino la risa paterna,
el consuelo materno,
la protección, la consideración,
busqué más allá de las medidas
y me dí de bruces con la vida.

¿Cuán lejos se establece la torpeza?
Cuando un mar de lágrimas no valen
la cobertura imprecisa de una niebla,
que todo lo moja, pero que nada posee,
reposo, en el lecho matutino.
Cómo poseí lo que era libre,
como el viento que acaricia
mi rostro cubierto de lágrimas, perdido.

Un viento huracanado sopla por el mundo
y el naufragio del hombre es inminente.
Rasga su vida, lentamente,
un zarpazo furibundo
que acaba, simplemente,
con el horizonte profundo sideral.

¿Es que acaso yo me he perdido.
los ojos cerrados ante el ocaso?
¿Es que ya me perdí para siempre,
que se quebró el delicado hilo que
me unía al mancebo que fui?
Quizá una mañana vuelva de soslayo
y dibuje su sombra, y yo de espalda,
lo vea deambular como fantasma.
Quizá mañana vuelvan a sonar en mis gemidos,
en los pueriles márgenes de la vida grandiosa,
o quizá suene la muerte,
con su canción misteriosa.

¿Puede una gota cálida del rostro de una madre,
revivir al soldado muerto en una guerra?
¿Podrá alguna vez vestir de virgen
la paralela austral de la vida de todo hombre?
¿Es posible hallar vida en otro planeta
de la mano del recuerdo callejero
que me traen mis días de niño,
días calurosos y terrestres,
donde el polvo era atmósfera y armonía
y el trompo bailaba sin cesar y taladraba
sobre el espacio donde el padre estacionaba?

Quizá la gota no resuelva nada,
pero el recuerdo de la tempestad que desataba
en mi corazón de niño cuando sufrir la veía,
quedará como la más grande hazaña,
de vida, no literaria,
donde el caballero armado
asesina al dragón
y, palaciegamente, se va con su madre camino del ocaso.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Y callamos tantos..

Y callamos tantos que el error se eternizó..
color sin color, brilló en nuestras pupilas,
una agonía sin alma, como una vida sin muerte.

Y las gaviotas volaron y el cielo era de río
cómo las gotas sudaron el clamoroso rocío
y nunca más volvieron al Sur,
contaminose la Tierra y el Vino.
Y cuando pudimos maldecir sus hazañas
el tiempo se nos había ido.

La sangre rebasa las sórdidas copas.
Volviéndose agria sudaba sus gotas.
El viento sopló, pero enrarecido,
fulgores remotos con tintes sombríos.

Y, tú, ¿qué haces por el mundo,
Cuando brota la miel de los ojos divinos?
Clamores de rebaño, gritos encarnecidos.
Si Dios existiera nos daría el alivio,
La paz con el otro, el sueño, el olvido..

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Fuimos sus profesores

Cuán lejos volarán
cuán cerca estuvieron
comenzaron siendo
pequeñas aves sin alas.
Hoy son filo en el aire
y su plumaje se reviste de vida.

¿Dónde fui, dónde
soslayé la existencia y el momento?
Quizá el tiempo es
inevitable, tanto como
la vida, tanto como la muerte.
No hay más retorno que el olvido.

En el aire observo su pirueta
incluso en el peligro de
la viveza y sagacidad
de sus años.
Más allá de la montaña,
sólo nos queda mirar, no estaremos ahí.

Y, aunque una mañana cualquiera,
como un aroma que se desplaza,
retornen relumbrantes,
con vidas envidiables
volveremos la cabeza y diremos:
"Fuimos sus profesores"

domingo, 2 de septiembre de 2012

Otra Vez

Como una hoja que cayó en otoño
cuyo certero descenso es silencio,
así caímos los dos en el abismo de la nada.
Un arroyo cantarín y desbordante
que atravesó el desierto y lo animó,
una pléyade de ancianos 
cuyas letras formaron un océano de poesía, 
eso fue nuestro amor cuando nació.
Y quizá los años pasaron muy pronto
o se hicieron muy breves
como el otoño para los amantes
o el estío para las gaviotas,
y las olas que bañaron nuestras costas,
famélicas, se marcharon a otras orillas. 

¿Cuántas noches vagué en medio de tus aromas,
de lo verde de tus palabras y tus letras?
Viajero inconcluso y penitente,
ninguna orilla bañé con mis labios
sin rozar infausto el dolor escarlata 
del corazón.
Y cada noche apareció tu rostro,
para recordarme que aún estabas ahí.

Se abalanza la ira contra el fragor de la batalla
ocultándose sinuosamente el sentimiento,
queriendo morir en un instante,
pero posee el destino indemne de Prometeo
y no hay victoria, ni esperanza, ni amor
en la desolación.
Cómo te dibujaste en lontananza, 
a través de la ventana del ocaso.
Febo penetraba oblicuamente
y caía en tu lugar, ese que dejaste,
caía en el lugar donde reposabas desnuda
la tempestad iracunda del amor. 
Ira, eso sentía, 
eso surgía,
cuando comprendía que la vida se iba y tú ausente.

Olía tu ausencia. Pero cada noche recordaba
y de algún modo aparecías 
y cinco minutos, quizá segundos,
tu silueta aparecía
vestida de luz de luna.
Entonces el mínimo germen de la esperanza
rebrotaba una y otra vez
como los árboles en primavera
y sin siquiera saber cómo, ni cuando
abrí mis ojos una mañana
y tu aroma impregnó mi habitación,
tus colores llenaron mi espectro cromático,
tu calor abrazó mi cuerpo
y comprendí que estabas aquí otra vez.

domingo, 19 de agosto de 2012

¿Dónde estás, amigo Pepe?

En medio de la madrugada viene un hombre cabalgando
sabe cuál es su destino, el sino ha sepultado
las lágrimas convulsionadas de ojos abiertos
en medio de habitaciones desoladas
cubierto el rostro, mirada enrarecida
cabalga el hombre hacia el norte.

Nada le importa, en medio de la oscuridad, cabalga.
Fantasmagórico, como una fatamorgana absoluta
avanza por los prados y los bosques,
atraviesa tierras lúgubres y húmedos pastizales.
Su caballo ya no vive, simplemente vuela en su caballo
y la inmensidad del firmamento 
cubre sus impresionantes cabelleras.

Se refleja la Luna en el lago
mas no el jinete y su caballo
en vesánica carrera, como desafiando al destino.
Esos ojos reunidos clamando fortaleza
miradas desesperadas obnubiladas de dolor
parapetados los sentimientos 
en abultados corazones que laten sin cesar
derramándose la vida donde se llora la muerte.

Sus mujeres le esperan, él cabalga embravecido
su imagen evocada en la memoria defragmentada
esperando encontrarse por última vez con ellas.
Pero su cuerpo yace inerte en medio de la desesperación
ocultándose en el infausta desastre que acabó con la esperanza
y la fe.
¿Dónde estás, amigo Pepe?
En medio de la nada cabalga su fantasma 
desollando los últimos minutos de estadía en el valle de la vida.

Su llegada es inminente y voltea su cabeza
es La Muerte enrevesada 
que lo siguió hasta aquí.
Toca la mano de su hija sin que ella lo perciba
oculta un beso en los labios de su dama,
amante tan amada, libertad enamorada
y los minutos acaban
cuando sostenido por el peso absoluto del Destino
abandona en un segundo 
el espectáculo absoluto
del quehacer del existir.

jueves, 9 de agosto de 2012

EL DOLIENTE

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas.

Oscar Hahn

lunes, 30 de julio de 2012

Vida

Abro mi ventana para mirar el horizonte.
Estás lejos, pero estuviste un segundo aquí a mi lado.
Faltan años para agradecerte aquello que dejaste sin hacer,
pues me proyectaron como ser humano
con mi mirada persistente en el infinito de la vida.

Como una braza ardiente, mi corazón refulgente
abraza y derrite la vida
como un magma existencial que brota de la tierra
vivo y sigo con mis ganas de vivir,
y aunque el tiempo nos aplaste implacable
prefiero ser un centelleo insignificante que una nada.

Y juegan, ¿sabes?, siguen jugando en el escenario de la vida
las mismas estrellas que tiritaron una vez en el espacio
y que trajimos desde arriba con un abrazo.
Y aunque hoy mis labios van hacia otros labios
jamás olvidaron que fuiste compañía tan diáfana como la nieve.

Y aunque todo sea imposible, todo es posible
cuando los ojos de dios se posan sobre el mundo.

domingo, 8 de julio de 2012

Vuelvo a amar la vida

Si muriera tan sólo en el dulce anhelo del tiempo
podría entonces quizá sentir fuerza absoluta
y embestir contra el destino mis garras ensangrentadas.
Volaría por el cielo diáfano derramando lágrimas
que se tornarían en la lluvia rotunda de la ciudad,
Santiago ensombrecido, calles lobregas y amantes relumbrando
en los recovecos de calles alicaídas, de otros tiempos,
pues las calles guardan sus historias, ellas son como
los hombres, que tienen un esplendor y luego se apagan
como una estrella eviterna estalla blanquecina.
Y me abrazarían las grisáceas nubes
y los árboles danzarían al saludo de mi paso
los pájaros volarían contra el viento
cortando su invisible y diáfana esencia.
Y quizás también estarías tú,
con tu pulcro rostro, lleno de sombras.
Estarían todos.
Todos estarían en la llama insulsa del pensamiento
del cuestionar lo metafísico, lo absoluto
embobecido el rostro de dolor,
calladas las palabras pero ardiendo las miradas.
Todos estarían pensando en el por qué.
Algunos mirarían y dirían, "allá va, viaja junto a Febo
tras las sombrías nubes"
Otros pensarían "¿dónde acaba la libertad?"
Y otros escarbarían sus recuerdos sobre mí
para fundamentar lo imposible.

Es extraña la corteza que separa nuestro templo de la existencia
resopla fuerte el viento entre los árboles, pero no es los árboles
es el viento que resopla entre los árboles callados,
es la fuerza que danza entre las cosas y las constituye
sin siquiera ser aquello que realiza.
Tú realizas, él realiza, yo realizo, es cierto,
pero nadie realiza la voluntad vesánica de un loco
que se cansó de pasear por la avenida,
de beber un café en la conversación, donde todo se halla
y al fin nada se halla.
En mi mundo recubierto de palabras prefiero callar como las olas,
que hablar sin decir, y su decir es más puro que el agua
que baja de la vertiente cordillerana donde ella habitaba.
Qué recubre los cabellos rizados de aquella que abrazo,
de sus labios delicados y candorosos, tan sedientos.
Otrora, quizás otrora, la nube lúgubre me habría acompañado,
mas abandoné todo lo que fue verdad para mí
y abracé el sinsentido como una cuestión elpídica.
Pues me he disuelto en este mundo
tantas veces como podía.

La mañana es una remota posibilidad
es tiempo futuro indefinido.
Abraza con fuerza la existencia en su patio baldío,
cuya ubérrima esencia agonizaba
llorando y abrazándose
a esos pechos tibios.
Moría y vivía, como Dios se suicida en la Creación,
pues representa el acto más grande de amor universal.
Bloque a bloque, se desangra en su mirada pasiva.
Abraza todo lo que pare y lo lanza al espacio.
Y en todo lo que hubo, estuvo todo lo que habrá
y el eterno retorno de lo mismo
rodeará cada pedazo de su carne que se transfiguró.
Yo no te amo pero quizá te amaré.
No hago promesas, pues no quieres ilusiones
y el amor es rico en ilusiones
por eso es ilusorio.
Sin embargo, sigo avanzando en ese campo de trigo
con una tibieza mediterránea,
con mi piel morena sudando la existencia.
Mírame, mi rostro sucio con tierra y despojos,
mis lágrimas se marcan como surcos en la Tierra.
Transportan ese líquido viajero, esa armonía rimbombante
es existencialismo puro, es una muestra de lo que soy
de lo que seré
y sobre todo de lo que fuí.
¿Acaso me abrazaste esta mañana de madrugada?
¿Eras tú quien me abrazaba en la soledad absoluta de mi noche negra?

Sigo siendo el mismo estúpido de siempre con una gran sonrisa en el rostro.
Sigo yendo impávido hacia el camino que me muestra la vida nuevamente.
Sigo viendo la reafirmación del absurdo en cada cosa
en cada hoja que cae zigzagueando en el espacio.
Sigo abrazando cada noche vesánicos delirios
tan ocultos y que tanto te he mostrado y que no has querido ver.
Sigo acampando todas las noches bajo una noche sureña,
sigo ocultando lo que no quiero que otros vean.
Sigo cantando viejas canciones que significan tanto,
sigo afirmando en su entonación lo que no son.
Y mientras más me esfuerzo por dar la afirmación existencial
que la vida orgullosa nos reclama,
mi vida se desaparece por doquier.
Y al fin vuelvo a amar la vida.


jueves, 14 de junio de 2012

La Avenida

Esa calle. Una rústica avenida. Un rectángulo de edificios color crema con negocios.
Juegos, cigarrillos y licor. Y una avenida rústica con vehículos extranjeros, llena de ellos.
Luces de colores, las gotas de lluvia iluminadas por este espectáctulo variopinto.
Y tú en medio de todo eso.

Caminabas contándome no sé qué, en verdad escuchaba muy poco lo que me decías.
Pero te sentía tanto tanto, me olvidaba de ti recordándote.
Entonces me abrazaste, me pediste un cigarrillo más, y expulsaste una bocanada
de aromático humo verdinegro.

Me abrazaba de tu mano, cuando más grande que tu mano era el mundo,
pero ese mundo de tu mano salió alzado, como polvo mágico de hadas.
Y te contemplé tantas veces iluminada por la avenida, en medio de ese
plato del mundo, que aún tengo recuerdos erosionados de tu pelo castaño
de tus ojos empañados, de tu nariz prominente.

Y cada vez que salía el sonido de los negocios, tú eras más relumbrante.
Y con la payasa risa del gentío, te impregnabas la mirada feliz
y querías ver esto y lo otro, y me besabas prestando atención a otras cosas,
y el mundo era una maravilla a tus sentidos,
vivías el cuadro inmanente de lo arcano
desaparecías indemne en medio de la ópera impertérrita
de esa pequeña avenida, avenida de pueblo
cuya única condición que nos puso
fue mirar cada día como si fuera el último
porque conocía que nuestro destino no era estar juntos.

lunes, 11 de junio de 2012

Manifiesto

Hasta ahora he interpretado la vida, la he mentalizado, la he revestido del lenguaje de las palabras y de los conceptos. He idealizado la existencia y perturbado mi camino con las piedras con las que he tropezado.

Hoy decidí que eso cambiará.

¿De qué sirve la existencia, si no es para realizar esa plegaria suprema que es nuestra vida?
¿Acaso podemos mentirles mejor a otros que a nosotros mismos?
Si uno va a vivir haciendo lo que los demás te dicen que hagas, entonces la vida no valdría la pena. 

En el riguroso castigo que me he sobreimpuesto por lo que no tengo mancha, borro desde hoy esta mácula que pusieron tempranamente sobre mí.

¡Una vida rimbombante y colorida! Eso quiero. No vivir en la angustia de no poder parir, en el seno de este mundo, aquella idea vesánica de lo que se me impuso como credo. Mi cruz es pesada, pero hoy la llevaré con los labios pintados.

¿Y qué si a los demás les molesta? Yo no vivo por vivir, ni por ser fruto de un amor consumado. Yo vivo porque tengo todo el derecho del mundo a vivir, pues mi vida es destinación. Soy el que tiene que ser, ¿y qué? No dejaré nunca más mi responsabilidad de ser quien quiero en los brazos dictatoriales de los demás. Y, aunque se lance el ejército entero de ángeles, los expulsaré de un soplido inmanente de afirmación existencial.

Hoy manifiesto lo que soy y lo que vivo. No me importa si un día muero, pero siempre que lo haga bajo la dignidad de haber hecho y dicho siempre lo que quise, aunque a mi prójimo eso le duela y desenmascare. Porque es imposible vivir casi treinta años escondiéndose en los recovecos de tu alcoba, de los vericuetos inescrutables de la razón, sin salir herido y desorientado. 

Más yo y menos otros.

sábado, 12 de mayo de 2012

Arrullo. Para el Danito.


Desde lo profundo del Universo,
unos ojos sempiternos,
cuya mirada omnividente
alcanza hasta el último confín
con su potencia relumbrante,
cobija, tiernamente
un cuadro en sepia. 

Un bebé de tres añitos,
un pequeñín,
cuya vida reciente
se precipita presurosa
sobre la existencia infinita
de los primeros años.
Lleno de colores
como un arcoiris matinal,
ilumina las vidas de sus adultos,
mundo variopinto
y desigual que se destaca
en el horizonte.

Una vida violeta,
un azul desgranado 
que tibiamente se difumina
en sonrisas y cantos;
verde verdeando su pequeña habitación,
portal interdimensional
hacia el inescudriñable mundo
de los sueños infantiles.
Cochecitos y dragones,
hombres de acción y titanes
que se vierten en lúdica batalla
cuyo resultado determina
la suerte de ser tocado
por sus suaves manos de principito terráqueo.

Juegos con su madre,
Ausencia del padre,
Sonoras sonrisas anhelantes,
Que se resquebrajan
Ante la cercanía del hombre ausente.
Entonces, los cochecitos y titanes
Pasan a un olvido ontológico
Y sus manos no son sino herramienta carnal
Del acariciar interminable y el abrazo
Que se posa sobre el cuerpo
De quien hizo el ínfimo esfuerzo de engendrar.

Sus ojitos pequeños que aprenden a mirar,
rozan la superficie brillante de aquel rostro,
una mirada que siente, una mirada carmesí
que activa grandilocuente los latidos de su corazón.
Es su padre el ausente,
Es el brazo perfecto del arrullo que precisa,
Es la voz tronante que espanta la guerra,
De sus oídos indefensos ante el fragor del mundo.
Es el sueño de sus sueños,
Es la injusta situación que le hace decir
“Estoy tiste” haciéndonos enloquecer de dolor.
Es una ausencia inhumana, cuya razón de ser
La hallamos en el impertinente lenguaje y vestir
De esta cultura nuestra
Que tanto nos gusta llamar Libertad.
Libertad e individualismo
Cuya naturaleza imponente
Avanza implacable
Acallando los sollozos de niño
No los sollozos de hambre, frío o miedo,
Sino que el llanto invisible
Que lo enfrenta tenaz y cruelmente
A la existencia, al estar vivo.

Una pequeña silueta lo rodea en la noche.
Es Dios, que acaricia sus sueños inexorables.

jueves, 29 de marzo de 2012

Infamia

Una noche dibujada en lontananza,
una noche que cobija una locura,
noche ardiente, noche insurrecta,
un firmamento cuyo asombro opaco
relumbra refulgente inmediatismo y dolor.

Qué vesánica ironía plasmaba tu ser
cuando caminabas de mi mano pretendiendo
alcanzar el ébano castaño de mis ojos
insulsa, despreocupada, desvergonzada.
Cómo constituías falsedad
o cómo mi estúpida ilusión
te convertía en reina,
Dulcinea del Toboso.

La parsimoniosa y verídica contradicción
actual, bizarra y aberrante,
de tu constitución que vivo en carne propia,
no alcanza siquiera la irreverencia.
Es quizá un mínimo peldaño
de esa escalera inmensa
que termina en el sino, en el confín.
Mas, es peldaño, pero peldaño ya pisado.
Nunca más se apoyarán mis labios en los tuyos;
no se abrirá la noche en tu lechosa desnudez;
callarán los perros en la noche,
¡oh!, vesánicos lectores de lo arcano;
sibilinas melodías ocultarán día a día
esa obtusa y complicada senda
que significaste,
esa beoda fantasía que abarcaste,
que eres,
que lograste.

¡Infamia es tu nombre malparido!

domingo, 4 de marzo de 2012

Desvanecimiento..

Es el espíritu el soplo que acaricia los rostros de los terrenales
y Dios no conoce el amor.
¿Dónde te hallas que te siento tan cerca?
En medio del mar umbroso que me rodea por doquier,
una pequeña llama, como un destello galopante,
camina sobre las olas y da una esperanza escatológica.

El mundo era mucho mejor sin ti,
pero el mundo no es mundo sin ti.
En el cadalso sanguinario de la existencia,
de la cotidianidad enfurecida y superflua,
es tu cariño quien mueve las ilusiones
de es mundo que no te necesitaba,
pero de ese mundo que hoy colmas con tu ser.

No te amo, ¿sabes?, pero tal vez te amo,
como Neruda solía decir en sus versos escarlata.
No te quiero, pero quizá en otra vida te abrazaré de nuevo.
Mis palabras deambulan erráticas por la arena
de una playa solitaria.
Cuatro pisadas dan a entender que dos amantes
caminaron de la mano
en otras épocas,
en otras vidas,
en el eviterno resplandor del amor sobre la tierra.

Así, como hoy estás, buscando el abrigo del lecho
donde fuiste tantas veces un universo,
de ese universo que recorrí sin medidas,
sin cansancio,
sin una gota ínfima de cobardía,
en tu búsqueda melancólica resuenan
los acordes de una melodía familiar,
pero que constituye casi una elegía.

Es que fuimos infinitos.
Es que juntos surcamos el universo
en nuestros besos.
Es que las rozas de mi jardín se marchitaron
una mañana de abril.
Es que el huracán de tu corazón
ha puesto en marcha el mecanismo
dialéctico de la pasión.
Es que tu sonrisa, esa sonrisa que gocé
tantas noches y tantos días,
se extraña en el filo de la noche.

Se acerca un nuevo Sol que aparecerá por el oriente.
Se acerca una nueva vida, y tú no estarás en ella.
Sin embargo, en el recóndito lugar del corazón,
hay una habitación
cuyas cortinas exhalan tu aroma,
una cama,
cuyas sábanas reclaman abrigarte,
un hombre,
en cuyo espíritu hay un nombre de mujer
escrito con fuego y agua...
Y ese nombre es Valeria...

lunes, 13 de febrero de 2012

Ascensión

¿De dónde provienen esos bálsamos que llenan el corazón?
¿Acaso, del tímido beso resplandeciente de una estrella?
¿O del resbalar de un arcoiris que se dibuja sobre el cielo 
revestido de nubes grisáceas que se tornan blanquecinas,
dando paso al eterno resplandor del azulado revitalizante?

¿Es que hemos perdido la sanidad y nos volcamos de lleno
al más profundo de los sueños encantando nuestra vida
y colmándola de materias que el mundo jamás comprenderá?

Si una rosa se deshoja, ¿se desnuda o se reviste al infinito revivir?
Quizá, si un cometa viaja errático por el firmamento, pueda
su trayectoria indicar donde estuvimos, 
quizá su cercanía recaliente el lecho donde hicimos el amor.

Y en una pálida noche de verano la Luna baila su láctea danza,
y las olas del mar visitan las tierras de los hombres,
y los pájaros encumbran el vuelo,
y los ojos del que sufre dejan de gotear,
y los labios de los amantes se vuelven a unir,
y las naciones terminan la guerra,
y los hombres habitan sobre esta tierra.