viernes, 15 de febrero de 2008

Tu retrato en lontananza dentro del círculo de la inminencia

Alguna vez Borges dijo que el ser humano (quería) vivía sub specie aeternitatis (desde el punto de vista de lo eterno). Al amar prometemos amor eterno; al sentirnos a gusto, deseamos "siempre" sentirnos así; al odiar, odiamos "para siempre". Desde el punto de vista de lo eterno es como ha sido vivida mi patética existencia. Así he vivido, mas así no lo deseo cuando logro meditar al respecto. Hierático frente al portal del mañana, logro visualizarte tenue, porque es inminente que te alejarás de mí.

Mañanas miserables, tardes llenas de locura y noches rebosantes de lágrimas unidas todas para caer, lobregas, sobre mi persona y arrebatarme el gesto pacífico que dibuja tu cercanía en mi rostro. Probablemente me tomo las cosas muy en serio. Quizá soy algo exagerado, pero mi existencia es así, sub specie aeternitatis...

Al observarte retratada en el jardín eterno de mi memoria señalo melancólicamente tu figura, ahora en lontananza. Puede ser que estés trascendiendolo, o quizás, por el contrario, estás queriéndote salir de él. Mas, ni con tu máximo esfuerzo puedes arrebatárteme del corazón. Pues, como dijo Neruda, "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido" y no es que quiera olvidarte, sino que no podría hacerlo. Es simple, pero trágico.

Ahora estás frente a mi umbral... ¿qué noticias me traes?

martes, 12 de febrero de 2008

Desde el umbral

En tu umbral, desesperado, buscando la llave que me conduzca a la gloria de los días felices.
Me siento terriblemente desahuciado, pero tú quieres verme sonreir.
La soledad penetra por mis venas y envenena con infausta ponzoña cada gota de sangre que fluye a través de ellas.
Lo más insoportable es saber que estoy equivocado, mas cuán gracioso es sentir el horror atormentado en el umbral de la muerte, justo en frente de ella, como deseándola, saboréandola sin haberla aún vivido -o muerto. "Espero, después de haber expresado en esta tierra todo lo que aguardaba de mí, satisfecho, morir completamente desesperado" y el sueño, o la pesadilla que tozudamente me despierta cuando te alejas de mí por voluntad de terceros, se desprende, laminada, y se me pega a la frente como amuleto oriental. Así, fúnebre en mis lobregos aposentos, rebosantes de tinieblas relumbrantes, nacen y se configuran mis deseos de fenecer.

Segundos de pasión mezclada con adormecimiento se mutan para originar al más terrible de nuestros fantasmas: la Separatividad. Te haces una y te sumerges en tus cavilaciones, en el lado que te toca de sombra, mientras yo me frio en el sartén de la desesperación, mi lado en llamas, cubierto de hojas de papel con líneas escritas en diversos idiomas, todas terribles, todas llenas de gemidos. Nuestros corazones se agrietan y sangran abundantemente, mientras la muerte penetra sigilosa por nuestras venas y bebe el impío elixir carmesí, que es su sabia, para esconderse, finalmente, en nuestra voluntad -en la mía. Furiosamente te desligas de la rabia y refrenas mi auto-mutilación. Entonces me salvas, me seduces con voz dulce y me entregas tus senos desnudos para que me hunda nuevamente en ellos, buscando protección. Vuelvo a ser un imberbe, me torno un lactante, me disfrazo de niño.

Y así nuevamente, con mis ojos hinchados y los tuyos arrepentidos, volvemos a llamarnos amantes... estás libre de toda culpa, estoy libre de todo perdón...

viernes, 8 de febrero de 2008

Distracciones de una pluma dormida

Espurio y vertiginoso a nuestros sentidos fluye la sensación de aniquilación inmanente al ser humano, tan intrínseco como su afán por conseguir vivir sub specie aeternitatis. Sufrimos constantemente el azote infausto de la condena que pesa sobre nuestros cuerpos viciados por el sufrimiento y la desolación, causa de la vida que vivimos opacada por la confusión.
¿Ves aquella ventana? Es un portal místico hacia lo desconocido, es el primer paso al sendero virgen del amor. Las infortunadas secuelas de antaño se sellarán definitivamente cuando te bese nocturno, lleno de lujuria, sediento de tus besos, transportando en cada gota de sudor las semillas invisibles del amor, derramándolas en tu cuerpo desnudo, aquella silueta divina que me transporta a la Eternidad, y las tuyas que vienen a mí a través de tus bálsamos etéreos emanados por tus poros y que penetran por los míos y rejuvenecen mi desnudez, mis ojos, mis labios, mis palabras... ¡Bendita tú que juegas con el Tiempo a tu antojo sin hacerme comprender cómo lo haces!

Ya amanece y tus cabellos reposan sobre la almohada. Tu cuerpo, hierático, parece fenecido y una etérea palidez se apodera de él. Observo cuidadosamente cada detalle y me asombro por la perfección de tu figura, por la belleza de tus formas, por el aroma de tus efluvios. Una ráfaga de viento entra súbitamente por la ventana de nuestra existencia y nos hace temblar de frío, nos abrazamos y esperamos juntos que haga su eterna aparición el Gran Astro. Rayos de luz penetran tenuemente las ventanas y se unen a nuestro brillo interior. Por fin somos eternos.