Alguna vez Borges dijo que el ser humano (quería) vivía sub specie aeternitatis (desde el punto de vista de lo eterno). Al amar prometemos amor eterno; al sentirnos a gusto, deseamos "siempre" sentirnos así; al odiar, odiamos "para siempre". Desde el punto de vista de lo eterno es como ha sido vivida mi patética existencia. Así he vivido, mas así no lo deseo cuando logro meditar al respecto. Hierático frente al portal del mañana, logro visualizarte tenue, porque es inminente que te alejarás de mí.
Mañanas miserables, tardes llenas de locura y noches rebosantes de lágrimas unidas todas para caer, lobregas, sobre mi persona y arrebatarme el gesto pacífico que dibuja tu cercanía en mi rostro. Probablemente me tomo las cosas muy en serio. Quizá soy algo exagerado, pero mi existencia es así, sub specie aeternitatis...
Al observarte retratada en el jardín eterno de mi memoria señalo melancólicamente tu figura, ahora en lontananza. Puede ser que estés trascendiendolo, o quizás, por el contrario, estás queriéndote salir de él. Mas, ni con tu máximo esfuerzo puedes arrebatárteme del corazón. Pues, como dijo Neruda, "Es tan corto el amor y es tan largo el olvido" y no es que quiera olvidarte, sino que no podría hacerlo. Es simple, pero trágico.
Ahora estás frente a mi umbral... ¿qué noticias me traes?
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