viernes, 15 de febrero de 2013

Destino y Sentido

¿A qué es llamada la existencia?
¿Es llamada, acaso, a fundirse en su proyecto?
¿O, por el contrario, a morir sin un sentido?
Abyecto, camino de la mano de mi suerte
por las profundas  humaredas citadinas.
Porque la concupiscencia siempre me llevó
a lugares y peligros aún latentes
a mi imagen de inocencia mal parida.
Encumbré mi espíritu sobre la ciénaga podrida
sobre edificios a medio concluir,
pero, más que todo,
sobre edificios a medio terminar.
Es que dormité en los laureles juveniles
amando por doquier cualquier sentido
que constituyera mi ya quimérica existencia.
A pesar de constante renuencia
hacia cualquier plebeya modorra carraspeante.

Aullando está Dios sobre Los Cielos,
lleno de dolor y lágrimas.
Se ha perdido la causa de sí mismo,
se ha olvidado lo temprano de su esencia.
Mas el hombre acaparar no puede
el vacío esquelético profundo
donde yacía a la orden de la nada.
Mi destino, el destino de cualquier hombre,
de cualquier ser insignificante
que nace, actúa y muere
al cerrarse el telón existencial.
Amé más de lo que fui amado,
soñé más de lo que me fue dado,
luché más que lo conseguido,
pero siempre fui genuino en mí mismo
y nunca reclamé lo que me era ajeno.
Porque siempre supe lo que cuesta
la carrera truncada de la vida.

Ahora, estoy aquí, con el espasmo vital encarnecido
en famélica llama de la vida
como un cielo pronto a despejar
y dejar penetrar rayos del Sol.
Estoy aquí, es cierto,
contemplando la brevedad de la vida
arrastrado a un destino infame
que cada día me rechaza y lo rechazo
y del cual estoy seguro, no saldré invicto.

domingo, 10 de febrero de 2013

Ontología y recuerdo

Erase una vez un espíritu juvenil
que se vestía con las hojas del otoño
y dibujaba lentamente melodías
en el firmamento.

Callaba de vez en cuando
y meditaba sin ocultarse de su miedos
concentrada la conciencia 
en sus violácea apercepción.

Una noche, de esas noches eternas,
cobijo una idea y la pensó por 5 mil años:
era su idea más completa,
era su idea más sutil. 

Una mañana despertó de su eterno pensamiento
y caminó inerme hacia la orilla
una playa de vientos destemplados,
y peces de colores ermitaños.

Y contempló las aguas, otrora tan puras,
convertidas una mezcla oleaginosa.
Derramó una lágrima soltera
y mató su idea milenaria.

¿Puede acaso el hombre ocultar su ocaso
en la sala contigua de su tiempo,
en los pasos siniestros de la guerra,
en el pozo profundo de la miseria?

Su idea progresó en el sinsentido,
se acabaron pronto los vientos clandestinos,
se fugaron los minerales de la tierra,
yacen en estructuras colosales.

Y, sus méritos fueron fuego desdeñoso
corrompió la faz entera de esta tierra,
no volvió a respirar sino miasma repugnante
sus pulmones se llenaron de tumores.