domingo, 10 de febrero de 2013

Ontología y recuerdo

Erase una vez un espíritu juvenil
que se vestía con las hojas del otoño
y dibujaba lentamente melodías
en el firmamento.

Callaba de vez en cuando
y meditaba sin ocultarse de su miedos
concentrada la conciencia 
en sus violácea apercepción.

Una noche, de esas noches eternas,
cobijo una idea y la pensó por 5 mil años:
era su idea más completa,
era su idea más sutil. 

Una mañana despertó de su eterno pensamiento
y caminó inerme hacia la orilla
una playa de vientos destemplados,
y peces de colores ermitaños.

Y contempló las aguas, otrora tan puras,
convertidas una mezcla oleaginosa.
Derramó una lágrima soltera
y mató su idea milenaria.

¿Puede acaso el hombre ocultar su ocaso
en la sala contigua de su tiempo,
en los pasos siniestros de la guerra,
en el pozo profundo de la miseria?

Su idea progresó en el sinsentido,
se acabaron pronto los vientos clandestinos,
se fugaron los minerales de la tierra,
yacen en estructuras colosales.

Y, sus méritos fueron fuego desdeñoso
corrompió la faz entera de esta tierra,
no volvió a respirar sino miasma repugnante
sus pulmones se llenaron de tumores.

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