Una noche dibujada en lontananza,
una noche que cobija una locura,
noche ardiente, noche insurrecta,
un firmamento cuyo asombro opaco
relumbra refulgente inmediatismo y dolor.
Qué vesánica ironía plasmaba tu ser
cuando caminabas de mi mano pretendiendo
alcanzar el ébano castaño de mis ojos
insulsa, despreocupada, desvergonzada.
Cómo constituías falsedad
o cómo mi estúpida ilusión
te convertía en reina,
Dulcinea del Toboso.
La parsimoniosa y verídica contradicción
actual, bizarra y aberrante,
de tu constitución que vivo en carne propia,
no alcanza siquiera la irreverencia.
Es quizá un mínimo peldaño
de esa escalera inmensa
que termina en el sino, en el confín.
Mas, es peldaño, pero peldaño ya pisado.
Nunca más se apoyarán mis labios en los tuyos;
no se abrirá la noche en tu lechosa desnudez;
callarán los perros en la noche,
¡oh!, vesánicos lectores de lo arcano;
sibilinas melodías ocultarán día a día
esa obtusa y complicada senda
que significaste,
esa beoda fantasía que abarcaste,
que eres,
que lograste.
¡Infamia es tu nombre malparido!
No es que sangren las letras por mi piel, sino que son las venas que imprimen su color escarlata..
jueves, 29 de marzo de 2012
domingo, 4 de marzo de 2012
Desvanecimiento..
Es el espíritu el soplo que acaricia los rostros de los terrenales
y Dios no conoce el amor.
¿Dónde te hallas que te siento tan cerca?
En medio del mar umbroso que me rodea por doquier,
una pequeña llama, como un destello galopante,
camina sobre las olas y da una esperanza escatológica.
El mundo era mucho mejor sin ti,
pero el mundo no es mundo sin ti.
En el cadalso sanguinario de la existencia,
de la cotidianidad enfurecida y superflua,
es tu cariño quien mueve las ilusiones
de es mundo que no te necesitaba,
pero de ese mundo que hoy colmas con tu ser.
No te amo, ¿sabes?, pero tal vez te amo,
como Neruda solía decir en sus versos escarlata.
No te quiero, pero quizá en otra vida te abrazaré de nuevo.
Mis palabras deambulan erráticas por la arena
de una playa solitaria.
Cuatro pisadas dan a entender que dos amantes
caminaron de la mano
en otras épocas,
en otras vidas,
en el eviterno resplandor del amor sobre la tierra.
Así, como hoy estás, buscando el abrigo del lecho
donde fuiste tantas veces un universo,
de ese universo que recorrí sin medidas,
sin cansancio,
sin una gota ínfima de cobardía,
en tu búsqueda melancólica resuenan
los acordes de una melodía familiar,
pero que constituye casi una elegía.
Es que fuimos infinitos.
Es que juntos surcamos el universo
en nuestros besos.
Es que las rozas de mi jardín se marchitaron
una mañana de abril.
Es que el huracán de tu corazón
ha puesto en marcha el mecanismo
dialéctico de la pasión.
Es que tu sonrisa, esa sonrisa que gocé
tantas noches y tantos días,
se extraña en el filo de la noche.
Se acerca un nuevo Sol que aparecerá por el oriente.
Se acerca una nueva vida, y tú no estarás en ella.
Sin embargo, en el recóndito lugar del corazón,
hay una habitación
cuyas cortinas exhalan tu aroma,
una cama,
cuyas sábanas reclaman abrigarte,
un hombre,
en cuyo espíritu hay un nombre de mujer
escrito con fuego y agua...
Y ese nombre es Valeria...
y Dios no conoce el amor.
¿Dónde te hallas que te siento tan cerca?
En medio del mar umbroso que me rodea por doquier,
una pequeña llama, como un destello galopante,
camina sobre las olas y da una esperanza escatológica.
El mundo era mucho mejor sin ti,
pero el mundo no es mundo sin ti.
En el cadalso sanguinario de la existencia,
de la cotidianidad enfurecida y superflua,
es tu cariño quien mueve las ilusiones
de es mundo que no te necesitaba,
pero de ese mundo que hoy colmas con tu ser.
No te amo, ¿sabes?, pero tal vez te amo,
como Neruda solía decir en sus versos escarlata.
No te quiero, pero quizá en otra vida te abrazaré de nuevo.
Mis palabras deambulan erráticas por la arena
de una playa solitaria.
Cuatro pisadas dan a entender que dos amantes
caminaron de la mano
en otras épocas,
en otras vidas,
en el eviterno resplandor del amor sobre la tierra.
Así, como hoy estás, buscando el abrigo del lecho
donde fuiste tantas veces un universo,
de ese universo que recorrí sin medidas,
sin cansancio,
sin una gota ínfima de cobardía,
en tu búsqueda melancólica resuenan
los acordes de una melodía familiar,
pero que constituye casi una elegía.
Es que fuimos infinitos.
Es que juntos surcamos el universo
en nuestros besos.
Es que las rozas de mi jardín se marchitaron
una mañana de abril.
Es que el huracán de tu corazón
ha puesto en marcha el mecanismo
dialéctico de la pasión.
Es que tu sonrisa, esa sonrisa que gocé
tantas noches y tantos días,
se extraña en el filo de la noche.
Se acerca un nuevo Sol que aparecerá por el oriente.
Se acerca una nueva vida, y tú no estarás en ella.
Sin embargo, en el recóndito lugar del corazón,
hay una habitación
cuyas cortinas exhalan tu aroma,
una cama,
cuyas sábanas reclaman abrigarte,
un hombre,
en cuyo espíritu hay un nombre de mujer
escrito con fuego y agua...
Y ese nombre es Valeria...
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