Una noche dibujada en lontananza,
una noche que cobija una locura,
noche ardiente, noche insurrecta,
un firmamento cuyo asombro opaco
relumbra refulgente inmediatismo y dolor.
Qué vesánica ironía plasmaba tu ser
cuando caminabas de mi mano pretendiendo
alcanzar el ébano castaño de mis ojos
insulsa, despreocupada, desvergonzada.
Cómo constituías falsedad
o cómo mi estúpida ilusión
te convertía en reina,
Dulcinea del Toboso.
La parsimoniosa y verídica contradicción
actual, bizarra y aberrante,
de tu constitución que vivo en carne propia,
no alcanza siquiera la irreverencia.
Es quizá un mínimo peldaño
de esa escalera inmensa
que termina en el sino, en el confín.
Mas, es peldaño, pero peldaño ya pisado.
Nunca más se apoyarán mis labios en los tuyos;
no se abrirá la noche en tu lechosa desnudez;
callarán los perros en la noche,
¡oh!, vesánicos lectores de lo arcano;
sibilinas melodías ocultarán día a día
esa obtusa y complicada senda
que significaste,
esa beoda fantasía que abarcaste,
que eres,
que lograste.
¡Infamia es tu nombre malparido!
No hay comentarios:
Publicar un comentario