domingo, 27 de abril de 2008

Cuando tengas miedo...

Cuando tengas miedo y quieras llorar con todas tus fuerzas, recuérdame, que yo estaré pensando en tí en la lejanía. Cuando no quieras abrir los ojos porque creas que hay monstruos, imagíname con una espada dorada, sobre un caballo, luchando contra ellos y venciéndolos, pues eso estaré haciendo, pero invisiblemente. Cuando creas que yo quiero dejarte solita, recuerda lo que siempre te digo al respecto: QUIERO ESTAR TODA MI VIDA JUNTO A TI, SIN IMPORTAR LOS PROBLEMAS, PUES LOS SOLUCIONAREMOS.

Cuando le temas a la muerte y estés angustiada, recuerda que yo voy a seguirte a donde vayas. Cuando te halles a kilómetros de mí y me necesites con más fuerzas, háblame a la distancia, que yo le pediré a Dios oídos más sensibles para escucharte. Si en alguna ocasión, motivada por todo lo que temes en este mundo, estás llorando desconsoladamente, encuentra consuelo en éstas palabras que te he regalado, pues, aunque no son acciones, son una forma de expresarte mis sentimientos y todos ellos son tuyos porque yo te amo.

Si las pesadillas molestan tus sueños, observa el sueño que vivimos en la vida real y date cuenta lo hermoso que es. Cuando el trueno suene a lo lejos con su estrepitoso ruido y tiembles y no puedas dormir, apaga el miedo en la imaginación de que te acaricio cobijándote con mis brazos y vertiendo mis besos sobre tu cabecita. Aquel día funesto, en que yo mismo haya despertado tus miedos, recuerda que mis sentimientos hacia tí son lo más hermoso que tengo y que no quiero hacerte sufrir, es simplemente que a veces también tengo miedo.

Un mundo como éste está lleno de situaciones que no podemos controlar, para el cual nos queremos preparar y defender. Yo voy a ser bastión de tu alma, mi doncella amada, y jamás vas a estar sola, porque mi corazón está colmado de sentimientos que sólo quieren acariciarte y llenarte de acciones que desemboquen en la felicidad de tu alma. Yo estaré a tu lado, tú estarás conmigo y cuando la noche se haga más larga, cuando el día prolongue sus horas, a lo lejos nos apoyaremos y viviremos más intenso el idilio con que tropezamos...

jueves, 24 de abril de 2008

Eres sublime

Eres sublime, pues me apareces como celestial
en tus amores y enojos, en tus virtudes.
Cada gota de rocío que son tus palabras
me dan vida como el agua a una planta,
como el Sol a los árboles,
como el Mar a los peces.

Eres sublime porque me eres inefable,
como Dios y los ángeles y los arcángeles,
como las estrellas de la bóveda nocturna,
como el horizonte del ocaso,
como el Tiempo que transcurro
en tus brazos que me refugian.

Eres sublime porque me diste una razón
para inmortalizarnos en nuestro amor,
porque impusiste tu claridad
cuando sólo había miedos
y en la esperanza de tus promesas
pude dormir plácidamente como un niño.

Si realmente una verdad alcanzar pudiera
sería justamente aquella que me hace amarte,
el principio de lo misterioso
lo que no puedo explicar con mis argumentos.

Eres sublime porque apareciste ex nihilo
y me mostraste la más clara realidad
habilitando mi alma, despertando sensación,
sometiéndome a la reflexión
de mi absurda incredulidad,
porque me sacaste del Escepticismo.

Eres sublime, ya que olvidé mi soledad
y tornaste feliz lo triste, lo negro, lo blanco,
moraste mi corazón y lo reviviste
rejuveneciste mi existencia
y de paso me hiciste sentir el amor
más maravilloso que haya vivido.

Eres sublime por eso y por muchas cosas más
que no podría mencionar por cantidad,
mas no por innecesidad, ya que
es tanto lo que me has dado y ofrecido
que no podría vivir más que para adorarte,
que no podría vivir cien vidas para pagarte.

Prolegómeno del Sentimiento de mi Alma

He escrito a través de mi obra fundamental de vida, a saber, ésta que leeras, los más claros y apasionados poemas e historias que he podido formular. Son todos tuyos y, si bien algunos no pertenecen a lo que nosotros hemos vivido, ni a lo que yo siento por tí, he establecido con mi imaginación variedades de narraciones para plasmar un poco mi alma en todo esto.

Nunca supe con claridad qué podía hacer para regalarte en un día tan especial como esté: tu cumpleaños número diecisiete, poéticamente, diecisiete primaveras de una vida que admiro. Varias fueron mis ideas al principio, todas incomprensibles y vagas. Por eso determiné que debía escribir. Sabes cuánto me gusta esto. Fue el motivo por el cual decidí, humildemente, hacer este libro. No fue fácil, pues no quería que fuera tosco y horrible, o sea, que sintiera que iba a desagradarte o que no te iba a importar mucho, ya que todo lo que hago por tí lo hago con el corazón puesto en la obra. Ésta obra lleva por idea principal: El Amor que siento por tí.

Varias sonrisas me ha proporcionado esta labor, así como también lágrimas, por motivos diferentes e innecesarios de explicar, puesto que lo importante es que te des cuenta de que cada letra, cada palabra, cada oración y cada párrafo de los cuales vienen a continuación transpiran con fuerza un amor ingente y apasionado por tu cuerpo, por tu alma, por tu ser. El sentimiento maravilloso que he hallado en tus abrazos, en tus caricias, en tus besos, en tus palabras y en todas las acciones que has dirigido hacia mí, me ha hecho cambiar mis espectativas de la vida, ha sido como un verdadero giro en 360° de mi perspectivas sobre ella y de lo hermoso que puede significar vivir una relación amorosa.

En unas pocas palabras puedo resumir todas estas historias y poemas para tí: Estoy completamente enamorado de tí, eres lo que más amo en esta vida y que soy completa y máximamente tuyo. En la celebración del día de tu nacimiento quiero dedicarte este libro con todo mi corazón, el cual ya ha sido dedicado a tí, pues cada vez que nos despedimos en el portón de tu casa se queda contigo para acompañarte y acariciarte cuando te sientes sola. Si lo sientes, puedo decir que he cumplido con uno de mis más puros y benignos objetivos; si no es así, lucharé día a día para que puedas darte cuenta que, a pesar de ser un hombre común y corriente, como cualquiera que podrías haber conocido en cualquier parte y en cualquier tiempo, éste hombre es el que con mayor pasión y ahínco se ha dedicado a embellecer tu vida más de lo que es y traerte esperanzas de que uno no está solo en la vida, cuando tiene a su lado a alguien que le ama tanto.

Felicidades mi amor. Sin duda puedo decir, con toda certeza, que eres la persona que más feliz me ha hecho en el mundo y que yo he podido devolverle también aquello. Tal es mi regalo de cumpleaños para este importantísimo aniversario que celebramos los que te amamos y espero que en sus páginas encuentres una vez más, cuando estés sola, a aquel que daría todo lo que tiene por hacerte un poquito más feliz...

De Cristián, tu pololo, tu amor, tu hombre...

Miércoles 14 de Mayo de 2008

martes, 22 de abril de 2008

Sensaciones

Si, la maravillosa conjunción de palabras que articulo en "Te Amo Con Toda Mi Alma" es lo que más he tratado de decir éstos últimos meses de mi vida. Al mirarte directamente a los ojos siento tu amor plasmado en la luminosidad de ellos y entonces mi dolor se desvanece y una sonrisa se dibuja trémula en mis labios. La forma de tu carita, el resplandor que se desprende de tu piel hermosa y melosa, que despierta todos mis sentidos para refugiarme una vez más en tus entrañas y no salir de tí jamás. Me tienes desnudo frente a tu mirada que expía mi cuerpo de toda culpa y lo sana de sus cicatrices más profundas; me tomas en tus brazos y entonces soy un bailarín circense y los sentimientos de amor acompañan cada uno de mis pasos.

Tus aromas embellecen el momento expulsando efluvios perfumados a fresa y maravilla. Se cuelan por mis narices y mi olfato reacciona ante el estímulo agitándose mi corazón en misteriosas proporciones. Disfrazada de noche penetras desnuda en mi pensamiento, imaginativo, luego mi intención se lanza desesperada a tus brazos y refugia mi cuerpo, absolutamente pertenencia tuya, en el tuyo, preparándose para visitar una vez más el Paraíso Terrenal que a mi alma tu existencia provoca (y qué si es una pura confusión la "existencia", esa es cosa de filósofos y no de corazones embriagados de amor) Ya ha menguado la noche, es hora de contemplar nuestro amanecer. ¡Mira el Sol! ¿no ves que de nosotros reclama su calor?

miércoles, 9 de abril de 2008

Oda a Tí

Tus ojos

Tus ojos son como dos cristalinas huellas del informe camino de mi locura por tu amor,
son el reflejo de tus sentimientos pregonando el límite oscuro de tus pasiones.
Aquellas diáfanas gotas de miel mezcladas con fantasía, purísimas ventanas a lo infinito,
despiertan mi ilusión de amarte por la eternidad y más allá de ella, rebrotan mi esperanza.
¿Cuán extenso es el horizonte insondable de su magia celestial que se difumina por mi ser?
¿Cuál el límite de mi agonía por poseerte en la sabia armonía de un amor preestablecido?
La poderosa influencia de tus miradas furtivas, que las noto en la ambiguedad del vacío,
llenan mi corazón del más tibio y a la vez acalorado sentimiento enardecido del amor.

Como dos mariposas volando por el jardín se posan en mi ser en la noctámbula desolación
de nuestros cuerpos en resposo en un lecho silencioso propio del después.
Hallan su descanzo en mis toscas formas, en mi patética existencia y se preguntan,
como un mar de cuestionamientos enarbolados a un fin etereo y místico.
Nada pueden responderse, mi dulzura, pues es inefable la respuesta de mi ser,
aunque en tu cuerpo me regocije contestándote con caricias y besos dorados
las preguntas más esotéricas de mi existencia, las sin solución alguna
esas que descollan por sobre las comunes, esas que abrirían mi ser para tí.

Como una noche estrellada contemplo en ellos, tus ojos maravillosos, tu lozanía,
el inextricable problema del ¿me amas?, la impenetrable duda del ¿estás conmigo?,
el inhallable destino de un ser mutilado por la agonía de la espera en ascuas.
La loza de tus límpidas pupilas reflejándose en las mías, asperas y agrietadas,
me ciega como el Sol de mediodía al viajero del desierto, me cansa como a él le hacen,
esos rayos relumbrantes de la fulminación divinamente ígnea,
pues la maravilla de lo perfecto lo descubrí vagamente, luego realmente,
cuando contemplé por primera vez tus ojos y caí profundamente enamorado en ellos.

Tu voz

Una vez oí una voz de gran volumen que cautivó mi atención por completo
y me sumergió en la cavilación constante de la experiencia del otro.
Era tu voz difuminándose por el vacío, como cantándome secretamente.
No sabía, en principio, si los efluvios divinos que oía se dirigían intencionalmente a mí,
así que hice un gran esfuerzo por comprobarlo como pude, sin éxito al principio,
ya que soy un ente disociado de la naturaleza social de este mundo y me ensordicé.
Cautelosamente miré tu rostro, me fijé especialmente en tus labios hermosamente dibujados
e intuí felizmente que tus palabras se dirigían a mí como una armonía perfecta.

En este estado delirante que describo, pues oirte no me fue nada fácil,
sobre todo por la forma poética como resonaban en mi cabeza y me aturdían,
fuí presa de un éxtasis tan hermoso, ¡oh, mi amada doncella!, que caí rendido a tus pies.
Así, enardecido por dentro y por fuera, presencié por primera vez, una de muchas,
la obertura de la más maravillosa sinfonía sublime que mis oídos gozaran.
Si supieras cómo tu voz me electriza por entero, si sonaran en tus oídos mis latidos
cada vez más intensos, comprobarías que me tienes por completo enamorado
y que, si de mí dependiera, no oiría más que tu voz hermosa en mis sentidos.

Es la osadía de mi ser por poseerte el escucharte sin hablarte y nada más gorzarte,
desaparecerme por un momento y tocar el cielo con las melodías de tu voz,
ser aspirante a músico y con toscos instrumentos intentar recrear la maravilla de tus palabras,
que me desvelan en noches alocadas cuando necesito que me hables y me digas que me amas.
¿Es que acaso tu voz es cual la trompeta del ángel que anuncia el fin del sufrimiento?
¿Puede ser que quizá halla Dios enviadome a buscar para disfrutar del cielo en tus encantos,
del rocío refrescante de tus palabras al oído que me estremecen y me hacen flaquear las piernas?
¿Es que acaso la música más sacrosanta halla bajado a la tierra encarnada en tus vocales?

Tu cuerpo (y la agonía del deseo)

Desde aquel portal dimensional entre la realidad y la utopía, desnuda, me vienes a buscar.
¡Dios me salve de no enloquecer al contemplar tu cuerpo a la luz de una vela mimada,
bajo la bóveda nocturna del silencio extraterrestre y pueda yo vislumbrarte siquiera!
Es que me parece tan maravillosa obra de la naturaleza tu cuerpo inefable y relumbrante.
Como olas submarinas, tenues y amorosas, tu cuerpo se une al mío y se hace posible
la experiencia religiosa de intuirte con mis sentidos abobados ante el calor de tu piel,
la gallardía de tus células chocando contra las mías en la eterna conflagración de los cuerpos
en la máxima demostración de amor que nos legó la sabia Naturaleza, la Madre Tierra.

Como un éxtasis resplandeciente se apodera de mí la pasión carnal de poseerte para siempre,
sub specie aeternitatis, como siempre digo vive el hombre, pues nada somos y nada seremos
ante la agonía insalvable del existir deseándonos sin saciedad, hasta el día del Adios Perpetuo.
Una y otra vez me hundo profundamente en tu ser encarnizado, en tu realidad objetiva,
en la maravilla de las formas, en la atemporalidad de ellas, aunque tan momentáneas sean.
He buscado el refugio del amor por vastedades que no comprenderías, las he buscado de noche.
Sin embargo no había terminado de buscar, cuando te saliste de la lontananza y apareciste,
te percibí gloriosa frente a la irrealidad e hicimos el amor como jamás lo habíamos vivido.

Tu cuerpo es el resumen de mis años de pellejerías, de caminante errático, cual Eterno Judío,
que jamás halló su tierra y condenado estaba a no hallarla jamás.
No obstante, el destino irreversible tenía otro derrotero para mí, el que nunca había tomado,
ese que me hizo encontrarme contigo aquella tarde de valentía y primeras veces.
Busqué un rayo que me iluminara el camino oscuro que recorría, además de escabroso,
y sin quererlo hallé una bóveda cubierta de riquezas salomónicas, tremendamente impresionantes
y ese gran tesoro lleno de fantasía y delirio, que me ha hecho decidir siempre habitar,
eres tú, con todo tu ser, es tu cuerpo encantado y colmado de sabores divinos.

lunes, 7 de abril de 2008

Encerrado en mi cuarto te contemplo una vez más.
Las fotografías que dejaste son el retrato de un amor,
una utopía que misteriosamente se transforma en realidad
y por la ventana abierta del ensueño se liberan como polen.

¿Notaste alguna vez que nuestra silueta en el soberano vacío
se proyecta en perfección sublime?

Formas que danzan como llamas ígneas de un fuego ladino,
se imprimen en la retina de mis ojos cansados
y forman armónicamente un caudal de recuerdos memorables
de los días floridos de la primavera de nuestro amor.

¿Es que acaso no perdura en tu alma el pueril sentimiento
mágico de aquellos días dorados?

Tu rostro conserva la lozanía y la belleza de siempre,
pues siempre han formado parte suya,
aunque muchas veces al mirarnos y al mirarte
no reconozcas que eres la mujer más hermosa del universo.

¿Pueden acaso los dioses olímpicos no sentir envidia de tamaña
perfección y bella forma en el cariz de tu rostro?

Alguna vez se preguntaron los efluvios pasionales de mi alma
cuán lejos podrían llegar a situarse de su carcomida base (mi alma)
y contentos y gloriosos respondieronse a sí mismos:
"Tendemos presurosos hacia el más infinito objetivo...

Tú"

Buscándote en la niebla de la existencia

Miro hacia el horizonte y te encuentro en la lejanía.
Te he buscado toda mi vida ¿sabías?
cuando te ví aquella tarde de otoño y vestías tu uniforme,
supe inmediatamente que algo importante serías.
Aunque me hunda hasta el fondo sé que estarás ahí para levantarme.

¿Has notado que el tiempo juntos corre vertiginosamente?
Si a veces mis horas vuelan en tus brazos.
A veces el Sol se mueve más rápido por la lozanía del cielo,
incluso hay veces que es como si abriera y cierrara mis ojos
y de pronto tuviera que partir otra vez.

Cuando no estás conmigo, cuando la lejanía se acrecenta
siento que no puedo respirar, me asfixio
y busco la manera de hallarte sentada sobre mi cama
con la mirada risueña, con los ojos sinceros
y en un beso sellar absolutamente el vacío tu ausencia.

Transcurriré a tu lado por el tiempo que me permitas,
hasta que nuestros momentos se consuman por completo,
por el valle insondable de la existencia
intentando, aunque cueste un esfuerzo,
solapar diariamente la tristeza en mis ojos.

Y al reencontrarte sentada en un banco de la ciudad,
mi rostro volverá a sonreir y mi corazón a latir,
pues la razón más hermosa de mi vida has sido
y lo serás nuevamente cada día
hasta que mis entrañas dejen de estar tibias.