Encerrado en mi cuarto te contemplo una vez más.
Las fotografías que dejaste son el retrato de un amor,
una utopía que misteriosamente se transforma en realidad
y por la ventana abierta del ensueño se liberan como polen.
¿Notaste alguna vez que nuestra silueta en el soberano vacío
se proyecta en perfección sublime?
Formas que danzan como llamas ígneas de un fuego ladino,
se imprimen en la retina de mis ojos cansados
y forman armónicamente un caudal de recuerdos memorables
de los días floridos de la primavera de nuestro amor.
¿Es que acaso no perdura en tu alma el pueril sentimiento
mágico de aquellos días dorados?
Tu rostro conserva la lozanía y la belleza de siempre,
pues siempre han formado parte suya,
aunque muchas veces al mirarnos y al mirarte
no reconozcas que eres la mujer más hermosa del universo.
¿Pueden acaso los dioses olímpicos no sentir envidia de tamaña
perfección y bella forma en el cariz de tu rostro?
Alguna vez se preguntaron los efluvios pasionales de mi alma
cuán lejos podrían llegar a situarse de su carcomida base (mi alma)
y contentos y gloriosos respondieronse a sí mismos:
"Tendemos presurosos hacia el más infinito objetivo...
Tú"
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