color sin color, brilló en nuestras pupilas,
una agonía sin alma, como una vida sin muerte.
Y las gaviotas volaron y el cielo era de río
cómo las gotas sudaron el clamoroso rocío
y nunca más volvieron al Sur,
contaminose la Tierra y el Vino.
Y cuando pudimos maldecir sus hazañas
el tiempo se nos había ido.
La sangre rebasa las sórdidas copas.
Volviéndose agria sudaba sus gotas.
El viento sopló, pero enrarecido,
fulgores remotos con tintes sombríos.
Y, tú, ¿qué haces por el mundo,
Cuando brota la miel de los ojos divinos?
Clamores de rebaño, gritos encarnecidos.
Si Dios existiera nos daría el alivio,
La paz con el otro, el sueño, el olvido..
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