En tu rostro de nieve se dibuja una sonrisa,
y los ángeles te miran con ternura.
Dios te mira de reojo y sonríe junto a ti.
Un simple mortal una mirada lanza,
tu voz delicada y suave lo recubre como
el rocío matutino, es refrescante como el agua de manantial.
Un hombre que se recrea en tu sonido existencial,
un ser que encuentra la felicidad en tus anécdotas.
Tu mirada de niña es canción sempiterna.
Tus cabellos sinceros, tu boca perfecta,
tu boca como un dibujo de pintor absoluto,
de sembrador de estrellas,
de pescador de luciérnagas marinas,
una entrada al ser, tu contacto con el amor y el mundo.
Ocasionas milagros vestida así, con tu traje divino,
sonriendo, como siempre, una sonrisa me sacas
y echas al olvido mis lágrimas latentes.
Me haces contentar con tus palabras graciosas
y a veces incluso me provocas, mujer risueña,
perspectivas ocultas de riveras lejanas,
como un barco infinito
recorriendo una distancia sin tiempo.
Estrella nocturna, junto a tus dos estrellas pequeñas,
formas constelación con ellas, deslumbras el mundo
y das junto a ellas tu papel
en el esfuerzo que Dios nos dio un día
creando la belleza en el mundo.
Porque eres pétalo de rosa onírica.
Qué podría decirte por medio de palabras,
de conceptos absurdos, de voces vacías.
Más podría decirte con mi mirada inocente,
y mis brazos tibios abrazándote fuerte.
Sin embargo, el mundo es una expresión absoluta,
que se muestra desnuda en la noche desierta.
Y un ósculo dejo, para inmortalizarme en tus labios..
para ser absoluto, como tu ser, preciosa gurisa.
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