jueves, 25 de agosto de 2011

Susana..

Fuiste farol de habitación pequeña,
lumbrera nocturna de mis inocentes pasos,
cuando la niñez revoloteaba en mis carnes,
cuando la vida era toda nueva, era toda multicolor.
Fuiste la que disipó la lágrima viajera de temor nocturno,
fuiste madre y enfermera, profesora y tutora,
fuiste candor del fuego más ígneo,
fuiste amor y tibieza de hogar primigenio.

Fuiste plataforma de mis sueños perdidos,
musa inspiradora de mis oraciones nocturnas,
fuiste evangelizadora de mi alma y me hiciste conocer a Cristo,
adornaste de aromas y flores el recuerdo lejano de mi niñez.
Severa y estricta, me enseñaste el valor de la perseverancia,
del sacrificio, del amor salvaje de mujer terrena,
contigo conocí que la contradicción no existe en una madre,
pues su vida está hecha con material dialéctico infinito.

Fuiste y has sido, madre mía, el altar de mis lágrimas,
fuiste y has sido donde he depositado mi confianza,
la roca inalterable donde edifiqué  mi vida
y donde cantando, ambos, construimos el porvenir.
Eres y has sido, ¡oh, corola cósmica!, bendición,
amor, paz, sabiduría y eternidad,
en el bosque perpetuo de mi pasado exiguo,
en el campo florido de mi vida remota.

Cuando leas estas palabras, madre loada,
mira mi rostro de niño, míralo en tu recuerdo de madre
cual cuantas veces lo vio mirándote adormecido
o envuelto en el sufrimiento de tanta herida que le infringió el mundo.
Míralo, madre querida, porque en esa mirada te encontrarás a ti misma.

Las estrellas son más inmensas porque iluminan nuestras vidas,
juntos vamos caminando hacia la eternidad.
Flores adornan los valles del porvenir, porque los sembramos,
uno al lado del otro, porque nuestras miradas se ejecutaron hacia el infinito.
Del mar y de la tierra, de la materia inerte y la vida,
de los contrarios heraclíteos de la naturaleza y de la muerte,
jamás se oirá mejor barcarola que la que canta mi corazón marinero
cuya esencia ha sido la que tú ya conoces y que tanto te ha herido.

Si Dios preguntara al alma in-carnada: ¿Qué deseas de tu vida, hijo querido?
Yo le habría respondido algo que ÉL supiese que te hiciese feliz, madre mía,
jamás habría pecado contra ti, jamás hubiera deseado una lágrima de tu mejilla
por culpa de mi condición.
Es más, bendición de mi vida, yo habría pedido a Dios que mi vida fuera
una ópera magna al loable trabajo que con tanto amor te esmeraste.
Mi vida, bajo esa circunstancia, sería tu felicidad
y tu felicidad, sería mi vida.

No obstante, aunque el viento sople lejano y golpee nuestros rostros desnudos,
siempre habrá el calor que el amor originario,
el amor cósmico terrenal, nos ha otorgado a los hijos de la tierra
y por siempre jamás nos separaremos...
Porque somos un alma enardecida, porque nos buscamos el uno al otro,
porque sin el otro no vivimos y si no vivimos pero sin vivir;
porque bajo la lluvia el sonido sobre el piso canta tu nombre,
porque en la noche inmortal las estrellas simulan tu rostro..

Porque simplemente, ¡eres mi madre!, y esa sutil simpleza
es la potencia divina que le hace gracia a mi vida..
Sin ti la vida no sería feliz.. sin ti, porque eres la estrella absoluta
que alumbra este planeta lleno de confusión...

Porque eres Susana, mi madre y la mujer que más amo y amaré...

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