Cuando veas el retrato de mi rostro en escritos como éste, notarás los efluvios de tristeza que me atravesaban por completo. Lágrimas superfluas forman cauces en mis mejillas. A nadie más le importa lo que me pasa, porque nadie lo ha provocado. En la soledad insondable de mi alma, escribo como un poeta en lontananza.
¡Qué maravillas observé cuando estabas conmigo! Los cielos eran diáfanos y los árboles nos sonreían, mientras tu mirada angelical rebosaba de alegría. Hoy en el funesto sitio en el que me hallo, se trizan los vitrales eternos de aquellos días felices. Probablemente mientras leas esto ni siquiera existiré para tí, mas, así es el ocaso infausto de los amores, cuando un alma enferma (como la mía) se atreve a sondear en sus mares sin fondo. Quizá rías más, quizá ames mejor, quizá mi recuerdo en tu retina saque una tímida sonrisa, que luego se apagará para volver al olvido.
No deseo más en la vida que verte sonreir llena de felicidad, aunque muchas veces al hacerlo no lo sientas realmente (menos conmigo). Aquel poder sagrado de hacerte feliz ya no me pertenece, pues lo perdí porque las armas de los ángeles jamás permanecen durando en manos humanas, más sobretodo de alguien tan horrible como yo. Te juro que, ahora que escribo, voy a aprovechar lo más que pueda la resina que aún queda en aquella varita mágica que está por romperse.
Cómo desearía una segunda oportunidad. Cómo deseo con todas mis fuerzas que volvieras a amarme tanto como lo hacías esas noches de verano, tomados de la mano, disfrutando de la sabrosa menta que brotaba del cigarrillo, sonriendo por cualquier cosa que ocurriera alrededor nuestro. Un retiro al desierto de mi alma me costó perderme el paraíso que ofrecías.
Aguda es la tristeza en mis momentos instrospectivos cuando trato de decifrar en qué momento el idilio se volvió rutina, cuando intento buscar y volver a buscar el motivo que te dí para dejar de amarme, para abandonarme en la miseria de mi existencia, cuando te ofrecí romper tus promesas y perderte en el horizonte aquella tarde de invierno. No quedan más palabras en mi alma. No quedan más pasiones en ella. Ha llegado la hora de perderme en el Infinito y en el Tiempo...
Carta de un enloquecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario