jueves, 6 de noviembre de 2008

No te vayas...

Esa noche había sido precedida por un día oscuro, melancólico, aciago. Una neblina tenue se sentía en el ambiente y la luna se mostraba con un brillo pálido y triste. Todo el día habíamos discutido por estupideces, cosas que no importaban tanto como el sentimiento inmenso que guardábamos en nuestros corazones. Llegamos a mi casa, subimos la escalera, tiramos nuestros bolsos sobre la cama y coninuamos en nuestra innecesaria ocupación. Tan estúpida puede volverse una persona cuando la rabia lo embarga, tan osado el orgullo cuando nos hieren...

-Me voy-, gritó ella con tono decidido tomándo su bolso y abandonando rápidamente la habitación. Yo la seguí desesperado por su reacción, pero aún con un poco de orgullo dentro de mí. No podía controlar mis emociones, no podía controlar la rabia, no podía callar mi boca y tomarla y besarla como hubiese debido. Cerró la puerta fuertemente. Eran las once de la noche.

Son las una de la madrugada y el alcohol en mi cuerpo me aturde, por suerte, más que el dolor que no soporto más. Yo la amo. Yo estoy completamente enamorado de ella... no quiero que se vaya de mi lado, no puedo soportar que me haya abandonado. Tantos sueños se destruyeron hace un par de horas...

No puedo conciliar mi dolor con mi culpa. Debí quizá detenerla, debí pedirle que no me dejara, pero siempre me dije a mi mismo que no podía rogarle a una mujer nada, menos si me hubiera agredido. Yo no sé qué pensar. ¿Cómo hacerle comprender a alguien tus sentimientos, emociones, culpas, miedos, etc., sin que esa persona se sienta ofendida? ¿cómo decirle que sientes que en algunas cosas se ha equivocado (y no en todas)? No sé qué hacer... mis razones ya no son suficientes, quizá nunca lo fueron.

Avanza la noche y los cigarrillos se acaban. Camino hasta la botillería cercana y compro una cajetilla. Mientras vuelvo, fumo un cigarrillo y me detengo a mirar el cielo... milagrosamente se ha despejado y las estrellas brillan para mí. Una vez, ella me dijo que leyera un libro. Lo leí, es un clásico, y me dedicó una parte. Entonces, yo ahora que me encuentro acá, solo, desamparado en medio de la noche (quizá igual que ella), veo las estrellas y son como sonajeros. Me hacen sonreir. En la esquina anterior a mi casa, un perro le ladra a un árbol de aspecto siniestro. Quiero estar en casa.

Los cigarrillos se me acaban de nuevo. He fumado demasiado en pocas horas. He bebido mucho y muy rápido. Ahora estoy ebrio, estoy llorando a gritos tirado en la alfombra y la huelo desesperado buscando algun indicio que me muestre el aroma de su cuerpo, ese que meses atrás, en la alfombra misma donde me encuentro solo, se fusionó con el mío y tanto fue el amor... Ahora estoy completamente solo...

No hay comentarios: