lunes, 11 de abril de 2011

Voilá C'est Fini...

Hay cosas que no deberían desaparecer, como el amor por el otro. Luego de cuatro hermosos años llenos de pasión, de amor, de complicidad, el chico es abandonado. "Ya no te amo como antes", le responde ante su rostro hundido en una profunda tristeza. ¿Hay dolor más grande que el dolor del desamor? La decepción la acoge en su corazón, sus ojos se llenan de un líquido viajero, su corazón trepidante, sus ojos no pueden ver ante la tragedia.. La tragedia en el mundo es multiforme, dijo un patético Poe, y yo le sumo que la peor tragedia es la tragedia cuando vive en su comprensión misma. Comprender, captar, aprehender el significado del dolor de una ausencia, el desfallecer, morir amando, constituyen esa vivencia íntima e irreproducible del quiebre.

La mayor parte de los escritos de este blog tenían su leitmotiv en las vivencias que en aquellos días iba sintiendo en mi corazón. Hace 3 años, con el corazón inmenso de amor, escribía sobre la cotidianidad de nuestra relación, los sueños, las ilusiones, los anhelos... qué horror contemplar esa obra desde una perspectiva como la que hoy habito: la perspectiva de la soledad, del dolor y del abandono. La cobardía es asunto de los hombres no de los amantes, pero, ¿acaso ella sabía eso? Aunque citara esa frase de Silvio, jamás la comprendió, porque cada minuto de flaqueza lo entendía como un "se acabó" y nunca intentó conciliar. Ayer, durante la tarde, llevó su frialdad hasta la sima para decirme "ya no te amo como antes, es mejor que nos separemos". ¿Cómo puedes reparar un corazón destrozado?, ¿cómo hacerlo, si quien lo destrozó fue la que lo armó tan bien provisto? Es la eterna ambigüedad de la vida: la felicidad es el modo de enfrentar los eventos de la vida propia, por consiguiente, en él ingresan momentos buenos y momentos malos. En este minuto, no estoy en buen momento.

En este minuto no puedo más que repetirme a mí mismo: amor fati. Ante la necesidad de separarme de aquella mujer que tanto amé, que por lo demás no calza con esa persona que hoy usurpa su ser, no puedo menos que agradecerle, esa que habita aún mi corazón, mis recuerdos y mis sueños. Te amo Valeria, ojalá algún día vuelvas del sitio lejano al cual te fuiste...

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