martes, 26 de abril de 2011

La Crisis..

Desde el punto de vista intelectual, la crisis es un momento -tomando como ejemplo la teoría kuhniana- en que el "paradigma" dominante se ve implacablemente alicaído. La crisis fue el siglo XX, el XXI un vacío existencial y cultural que se manifiesta artísticamente. Con la llegada del post-modernismo y su impresionante arraigo en el relativismo, la última palabra quedó dicha desde un bastión bastante débil. Hoy la vida queda totalmente condicionada por los medios de comunicación, por la verdad que se quiere mostrar, siempre con fines a otras verdades de trasfondo. Los viejos ven pusilánimes la destrucción del mundo; los jóvenes construyen el mundo que quieren en sus propias conciencias haciendo que todo se torne incomunicación. Ya no hay clases -porque el capitalismo ultramoderno lo hizo desaparecer publicitariamente-, ya no hay "hombres diferentes", pues la educación, el trabajo y la sociedad suponen basarse en una completa igualdad -igualitariedad sin fundamento-, por completo absurda. En el momento que vivimos, pareciera que nada puede salvarnos.

Desde antiguo, hombres dedicados a la reflexión y al estudio, han sido aquellos que han aportado sus respuestas en los momentos fundamentales de la cultura en la cual esta comienza a desaparecer. En cada momento de escepticismo radical -ante los sofistas, Platón, ante Hume, Kant, ante el positivismo, Husserl-, surge esa gran mente humana que es capaz de reivindicar las ideas, darles una coherencia y orden, resumir la cultura y lograr crear conciencia de la importancia del valor y el sentido en el mundo. Sin duda, hoy son muchos los que ya perdieron la fe en el mundo. La juventud del "no estoy ni allí" lo manifiesta ejemplarmente. Hoy se ha perdido el espíritu de lucha, se ha muerto la conciencia del sacrificio, la perseverancia y la temporalidad que tiene el logro, debido a la facilidad que la vida de hoy ofrece a sus consumidores. Hoy todo es automático, y en ese sentido no solamente de autopoiesis, sino también de inmediatez. "O es ahora o no es nunca", suele habitar el corazón del hombre occidental. Si no todo esta perdido, por lo menos el corazón de esa multitud que lleva consigo el ansia tan inocente de democracia ya lo está.

Es por eso, por tales motivos, que emprender la lucha es para mí algo totalmente insigne. En una época de sinsentido, de escepticismo, de nihilismo, de pusilanimidad, es necesario que surja, aunque sea en el alma propia, la fuerza para seguir adelante, pero no como un cadáver, sino con dignidad y humanidad. Hay dos formas de afrontar los problemas, que a su vez se subdividen en dos formas más:

1. Lo afronto pero con pesimismo: a) lo afronto con pesimismo echándome a morir -esto es, quedándome en la "berma de la historia"; b) lo afronto con pesimismo pero continúo el sendero
2. Lo afronto con optimismo: a) lo afronto con optimismo pensando que "todo pasará"; b) lo afronto con optimismo queriendo cambiar el mundo y hacerme feliz.

Definitivamente, la mayor parte de mi vida la pasé entre 1a y 1 b. Me eché a morir mil veces, despedacé mi alma en el dolor y la soledad. Continué adelante con el corazón destrozado, marchité mi vida viviendo como un zombie. Sin embargo, este último tiempo vivo más en 2b: buscando constituir una verdad firme en la cual sostenerme, verdad que no radique en el exterior sino en mí, en la forma como decido afrontar la realidad.

Víctor Frankl sostenía que lo importante era la actitud que se tenía frente al suplicio, no el suplicio mismo. En la misma búsqueda del sentido, el hombre se hace feliz escogiendo la forma en que vive la felicidad o la amargura de su vida, teniendo en cuenta que la vida no es fácil, no es automática, ni es llena de absurdos. La vida es más que la manifestación artística actual, que una simple narración o que un panfleto propagandístico del nuevo führer del arte o la poesía...

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