Trato de sostenerme sobre mí mismo en una gélida circunsferencia verdeazulada y no consigo aferrarme a ella. Quizá la realidad siempre me somete a los forzados destinos que merezco. He sido, soy y seré una molécula plasmada en la existencia, siempre inerme a los arrebatos de mi espíritu. Sé bien que muchas veces ellos han sido la causa de tu felicidad...
Muy feroces pueden ser los malogrados capítulos de mi eterno ser-aquí, firman con fuego ígneo mi epitafio. Aunque constantemente dirija mi atención y mis energías a lograr tu felicidad, muchas veces me hundo en el oceano de mis delirios y la empresa fracasa. Pues no coincido contigo y me sumerjo en la tristeza. Sabes que he tratado siempre de vencer...
Quizá deba esforzarme más que todo en fijarme en la absoluta comprensión de mí mismo antes de querer entender cualquier otra forma inteligible del mundo, del horizonte espiritual que la rebalsa y la adorna. No comienzo con lo primordial y lo más indivisible: detectarme por entero en la intuición de mi persona, de mis rasgos, características y desventuras. Hallarme...
Cuando consideres que es demasiado tarde te marcharás confundida y sorprendida, te irás flotando en un mar de respuestas ininteligibles y desembocarás en conclusiones falsas. Sin embargo nada te reprocharé, somos seres humanos y por lo tanto no toleramos lo que no es inmediato. Por qué crees que tantos amores desaparecen en el horizonte de nihil...
No verás, probablemente, mis ojos más relumbrantes que en este momento, cuando me dirijo pleno al vacío. ¿Cuántas veces más me verás a través del prisma del amor? ¿cuál es el límite de lo que sientes? ¿habrás visto ocasos (como yo) tantas veces como sea posible antes de perderte en la contundente certeza de que lo nuestro es devaneo? Todo se juega en las preguntas...
Por último y para finalizar te ofrezco mi existencia, mis creencias, lo que he sido y lo que seré para que lo tomes como propio, establezcas tus sueños, tus delirios, tus metas y esperanzas en esta unión de julio que comenzó y se desenvolvió con el arreciar potente de nuestro amor, aquel que vive y vivirá en nuestros corazones por siempre. ¿Podrás verme cuando desaparezca en...?
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