lunes, 10 de diciembre de 2007

En camino hacia el porvenir.

Ayer, mientras llorabas de soledad, desahogaste un alma invertible, en medio del sinsentido.
Hoy abriste los ojos en la mañana y te diste cuenta que un sentimiento distinto se escondía en tu corazón.
Mañana abrirás los ojos y me verás a tu lado.
Yo he comenzado a caminar a tu lado, siento lo mismo que tú.
Cada amanecer de relumbrancia divina, nace frente a mis ojos porque estás conmigo.
La ráfaga tormentosa de viento que amenazó con hacernos encallar, hoy no es más que pasado:
El furor de nuestro amor ha sembrado la Paz y la Armonía en nuestras vidas.
Por fin emprendimos el vuelo.

¿Cuánto tiempo? ¿Años quizá? Tanto sufrimiento para poder por fin ser felices.
Acababas de llegar a mi vida cuando me solté de la mano del pasado y aprendí a caminar solo,
en ese preciso momento la tomaste y me sentí seguro. No sabíamos caminar, pero
Ya ves cómo logramos mantenernos firmes.
Cada caída ha llevado la marca del aprendizaje, del conocer las dimensiones pasionales de la vida.
Hemos estado ocultos a la mirada penetrante y destructiva del Posmodernismo,
hemos basado nuestro amor en lo que hoy ha quedado proscrito por el mundanismo.
¿VES QUE NUESTRO AMOR ES HERMOSO?

La suerte no existe si no va acompañada de sacrificio y entrega, de caridad y comprensión,
quizá los ingredientes más característicos de nuestra forma de vivir el idilio del amor.
Nos levantamos una y mil veces llenos de ilusión,
pues creemos que nosotros estamos hechos el uno para el otro. No estamos tan equivocados.
Al unir nuestras manos, tan maltratadas, pudimos acariciarlas y sanarlas,
porque el Amor lo sana todo.
Nuestros corazones día a día van acostumbrándose a estar seguros,
lo que marca el caminar al porvenir.

Éste tiempo juntos ha estado marcado por una felicidad sublime que nos esperanza,
pues los momentos se inmortalizan en la belleza de las formas y la infinitez de lo finito.
Nos detuvimos a mirárnos para comprobar si éramos reales
y con un beso sellamos el convercernos de lo afortunados que fuimos al hallarnos.
Después comenzó el fijarnos el uno al otro a cada momento, colmados de amor,
fruto de lo cual pudimos mirar que cada vez éramos más bellos.
La inmortalidad ya estaba alcanzada, ahora debíamos vivir nuestro idilio,
para de esta manera anular el pasado y cimentar el más bello sueño que habíamos tenido.

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