lunes, 6 de junio de 2011

Meditaciones crípticas de medianoche...

Este camino, tan transitado y oscuro, derrotero perenne, fantasmagórico fragmento de vida vacía. Si hubiésemos nacido para esto, es mejor que no hubiésemos nacido. Tras la inmanente necesidad de amar, el abismo insondable de cada uno, el alma arrancada de lo intersubjetivo, refugiada en sí misma, para no mostrar su desnudez de copa rota.

El horizonte malva. Un sol inmediato, cercano, sol hermano y vecino, amigo y amante, errático astro que iluminas infinillones de partículas, de tiempos, de historias, de amores y devaneos, de romances furtivos, de felicidad y tristeza. Cada uno es una vela de corta duración. Algunos iluminan todo a su alrededor; otros, son fulgor pasajero, destello vacío.

¿Quién comprenderá mis palabras? Sólo el que sea arpa entusiasta, el que sea oro matutino, el que se levante de su tumba para vivir. Y... ¿quién es capaz de mirar más allá de su propia nariz? Dios nos destinó al Averno.

No hay comentarios: