La bata transparenta tu cuerpo desnudo, los últimos rayos de Sol
irradian sobre tu blanquecina piel
y los girasoles se inclinan hacia él.
Del mismo modo, sosegado y tenue sentimiento, se inclina
mi visión contemplativa sobre ti.
Mis manos intentan alcanzarte y te alejas,
como el sonido de una barcarola en altamar.
Te me alejas, o quizás te alejaste desde siempre
y me dices que estoy cerca, pero ya estoy tan lejos.
Oprimes mi alma con tus besos carmesí, tus ojos aguamarina
son el lecho del sol de mi corazón.
Partiste tan pronto que no alcanzaste siquiera a ser
sabor continuo en mi paladar, mas fuiste dulzura
eviterna que jamás pude deshacer.
Si aún recuerdo ese aroma fresón, el efluvio de tu ser.
¿Cuántas veces te hice el amor? ¿Lo recuerdas?
Cómo olvidar las veces que aromatizaste mi cama
con tus cabellos castaños,
con la gama del sol al mediodía.
Cómo olvidar tu pecho turgente, el rosáceo de tus pezones,
el lunar que escondías en tu monte de venus,
cómo olvidar el color apasionado de tus labios adolescentes,
cómo olvidar que fuiste mía y que el amor de mi vida fuiste tú.
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