Te beso, me besas, nuestras almas proyectadas al zenit.
La bóveda zafiro nos recubre con su manto,
y tu tibieza me abriga y acoge.
Exhalas delicados perfumes que lo inundan todo,
rebalsando las vasijas de mi ser, llenas de ti.
Todavía es nuestro tiempo, apenas es 2008.
La corola absoluta de tu ser intervino en mi vida,
fue una salvación fraternal, un árbol tupido lleno de
miel celestial, de tu graciosa beldad,
fue fantasía sublime,
color café que jamás olvidaré.
A tus ojos acudí, como el ganado a beber de un efluvio de eternidad.
Las vasijas fueron vaciándose, nuestro amor oblicuo,
como los rayos del sol de otoño,
debilitándose al penetrar por mi ventana,
sin embargo, aún enjutos,
vivos al fin.
Su muerte no fue más que la inexorable llegada de la noche
que prosigue al día.
¡Cómo quisiera besarte ahora que no estás!
¡Cómo quisiera sublimar mis sentimientos en tu seno,
cómo tomarte y hundirme perdido en tu ser,
borrar el llanto aterido en mi rostro enjuagado en lágrimas,
corromper hasta el fin el cáncer que nos separó de la vida,
cómo querer romper hasta el cansancio aquello que nos venció!
Busco en la inmensa noche los efluvios que no están
y un sargazo me retiene en el lecho del mar.
Sigo ahogándome indefectiblemente,
abrumado por el peso del amor perdido
naufrago una y otra vez en este mar de los gusanos.
Mi nave sigue herida y tú eres la sirena de otros mares.
Solícito, busco al Dios en medio de las tinieblas
y visiones apocalípticas se envuelven y pasan
una tras otra, como empujándose entre ellas,
pasan rápidamente como imágenes en movimiento,
resuellan palpitantes y moribundas
el deletéreo elixir que me hunde en el abismo.
Y, aunque luche sin sosiego, tú me contemplas catatónica.
¡Ni el bendito hermano Viento remueve el más fino de tus cabellos!
Como un monumento milenario, contemplas desde tu ser
eres testigo de mil atrocidades, mas no desenvainas tu corazón.
Lánguido, trepo por el tronco que dejaste como pista,
para subir crepitando, ardiendo como un madero,
y muero mil veces como Prometeo, en una agonía sempiterna.
Mi amor no fue suficiente, nunca lo fue.
Tu mirada carcomía mis entrañas
y ellas jamás te llenaron el estómago infernal.
Bruma y agonía,
estertor y estupor
porque la vida se volvió de pronto
una eterna Noche de Walpurgis,
Ya no es 2008...
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