sábado, 16 de marzo de 2013

El Desamor


Hago maromas en el aire,
caminando por una cuerda que afloja
y amenaza con hacerme caer y caer sin detenerme.
Es que te desmaterializas
tu ser es constante interferencia
y lucho contra tu recuerdo a cada instante.
Ni una victoria, ni una corona a medias,
un instante preciso que se desvanece
y me enrostra lo que soy.
Ante el reflejo límpido de la suave ribera,
busco en mi apariencia y resquicio,
un vetusto espacio que habité.

¿Dónde encontraré otra mañana
como aquella en que
degusté el fruto tan meloso de tu ser?

Todo indica con las hojas zigzagueando
que el viento se olvidó de refrescarme.
Mis piruetas ya no provocan tu sonrisa,
la magia de mi espectáculo yace consumida
entre espermas aciagas y deformes.
Puede que hayas visto dentro de ti,
pero jamás encontrarás la respuesta;
nunca hallarás lo que murió en tu corazón,
pues sólo de tu cuerpo sepultado emanará
esa futura canción tan necesaria
que tarde llegará a su cita con mi ser.

No me entiendes ni te entiendo,
¿quién se entiende en esta hora
del malentendido?
Aquí, en el remanso del reposo,
lo que sabemos se torna interrogante
e interroga a lo que somos.
El que pregunta es hoy el interrogado.

Y mañana, cuando muestres nuevamente
la miel y cristal de tus ojos,
entonces, mañana, comprenderás
en un palacio blanco lleno de flores de paz,
qué secreto anhelo incomunicable, incoercible,
habitaba el combustible de mi alma
y me llevaba hacia ti
cuando no había más razón que el desamor.

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