domingo, 21 de abril de 2013

Lo verdadero no muere, se transforma

Lo verdadero no muere, se transforma
como se transforma el río en un mar,
como las aves se transforman
planeando el aire en su vuelo entrecortado;

El metal se transforma en la nave
que conecta al hombre con el espacio;
la energía de nuestros corazones
se transformaron en besos y abrazos.
Pues jamás algo muere,
se acabó el tiempo en que éramos finitos
el espacio y el tiempo desaparecen hoy
se confunden en la miel de tus ojos.

Ahora mirarás a otros
como a mí me mirabas
y sonreirás pensando
que yo era tan loco
cuando poetizaba tu silueta por las noches,
cuando atraía las estrellas a mi ventana
para que las vieras desde más cerca
como aquella noche en Huillinco
o en la carretera de Tongoy.

Recodarás mi voz,
mi sonrisa,
mi espíritu entusiasta
mis horas de llanto y delirio.
Te llevarás contigo las huellas de mis pasos
en tu cuerpo juvenil.

Y desde entonces los días serán extraños,
flotaremos entre atmósferas espesas,
volaremos los sueños hacia Febo,
extrañaremos los mensajes a medianoche
cuando el frío invada nuestros cuerpos.
Pensarás, ¿qué será de él?,
¿Qué será de ella? Murmurará mi corazón.
Ningún bien nos parecerá más puro
que recordarnos en lo bello.
Y, ¿sabes por qué así lo decidimos?
Porque jamás quiero dedicarte otra vez
la penosa frase del Infierno:
"Nessum maggior dolore che
recordasi del tempo felice nella miseria"
Ya no lanzaré un verso que diga:
"Me gusta dormir contigo, porque en mis sueños
sonríes más que cuando estamos despiertos".

Escanciaré todo nuestro pasado
para encontrar la llave del cofre
que contiene lo bienaventurado de este amor.

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