viernes, 10 de mayo de 2013

Tierra y Luz

Cuando el Espíritu flotaba,
deambulando por entre las tinieblas,
entonces abrió los mares y surgió LA TIERRA.
Bajo mis pies, esperando ser cúspide de vida,
se transformó en extremo máximo, 
entre el fruto divino y el humano,
origen desde el cual brotó
el Pan y el Vino que Cristo nos legó,
¿Puede acaso provenir,
desde las altas montañas
y los montes nevados
sino el Logos de Dios
que baja hasta los hombres?

Tierra, hermana y amiga,
tú que nos entregas lo que
El Buen Pastor nos da.
En semilla productiva nos transformas
con tu esencia de elevada amistad.
Campo ubérrimo, flor entrecortada,
base de girasoles que se prosternan ante Dios.
Cubres con tu extensión esta Tierra,
nuestros amigos, amores, nuestras pasiones,
la bondad y la plenitud, 
los cimientos del pueblo parroquiano.
Tierra fértil que nos conduces hacia el Creador.

El sinuoso camino hacia la santidad
el Señor nos lo muestra en esta Tierra:
la ara para que podamos ser un semilla salvífica.
El Señor rebrota en nuestra alma,
en el polvo de mi cuerpo.
Nos conduce hacia el hermano,
desde el alumno hasta el profesor;
desde quien escribe documentos
hasta quien exhuma el polvo de los pies.
¿Puede acaso nuestra sociedad
cerrar los ojos entregada
a una plegaria presuntuosa
que se eleve desde y hacia el Cielo?
No, hermanos míos, 
consideremos la Tierra como la plataforma
que el Señor nos entregó
para ser proyecto salvífico,
inspirados por su Palabra
para captar su esencia en nuestras vidas:
Prepara la Tierra junto a nosotros,
escoge las herramientas y ponte a 
construir un sendero hacia la Luz.

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