La noche se dibuja sin encantos,
es que estos ya no brillan
pues la silueta de tu rostro
está ausente.
¿Dónde está ese pequeño lugar
donde fuimos tanto,
solo los dos
en medio del universo infinito?
Esas noches hoy me saben a lágrimas.
Esos recuerdos que resurgen,
se motivan y se recrean
en el río presocrático de la conciencia.
Me duele el recuerdo cuando estás ausente,
cuando tus ojos no me miran,
cuando respiras lejos
y tu piel remota no se entrecruza con la mía.
¿Sabes que me hice adicto a tu existencia,
al sabor veloz de tus labios exhaustivos,
a tus senos preparados para amar,
a la sabia pura de tu mirada soñadora?
¿Sabes que no puedo vivir sin que estés
una y otra vez surgiendo en el
teatro del horizonte,
donde somos los dos, uno?
No hay salvación en la desesperanza,
toda empresa vacía se torna inescrutable,
todo énfasis famélico no salva
de una muerte terrible en la isla del desamor.
Es precisamente aquí,
donde subyacen los miedos más terribles,
es en esta parte del camino
donde la posibilidad más terrible
se vuelve epifanía...
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