Nostalgia arrobada, melancolía sin fin, fe fugaz y paulatina,
coroname de llantos matutinos, como el rocío primero.
Colmado de culebras, el árbol permanece, sin hojas,
su talante indemne todo lo vincula, desde el gusano,
pasando por la espiga y el trigo, hasta la vid.
Nostalgia de mil horas, de absoluta noche, de luz artificial,
recóbrame la vida enlutecida, deshaceme de llantos a la vez.
Hundido en mi regazo no regresa el día, la noche se dibuja
vespertina, escondiéndose del mancebo sol de media noche.
Juguetea con mi alma, se colma de llantos soterrados.
Nostalgia callada, quítame los pétalos de su rosa,
mortifícame cien veces hasta fenecer perdiendo la ansiedad,
de uno de sus besos, que dejó junto a la almohada
la última noche que desnudos penetré su ser de sirena
de besos frenéticos y de caricias húmedas.
Nostalgia no vencida, vénceme con ramos de laurel.
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