martes, 10 de mayo de 2011

Reflejos

Contemplo la palabra, poesía es tu nombre loado, arquetipo y telos.
Del susurro del viento vienen tus imágenes, traídas tus imágenes,
por entre los árboles el viento te canta, te canta y te aleja de mí.
En el oleaje marino brillas, con tus cabellos miel, como tus ojos,
esos que claudicaron su brillo, transformaron su mirada en tierra.
En la cima, blanquecina cima, rebrotan tus ojos de nieve cristalina
diáfanas aguas, Estigia te has convertido, fluyes a través de una sima.

Te sospecho y te busco, aterrorizado por fantasmagorías sublimes
por Hölderlin y Neruda, por el cruel Poe y el terrible Unamuno,
por las cortezas vírgenes del árbol, por lo que callaron los sonidos,
por imágenes sofocantes, por efluvios evocados en la risa y en el llanto.
Elegías soterradas, arcanos estelares, rosas galácticas marchitas,
¿desde cuándo te perdiste para siempre? ¿dónde reposo tu pecho?
¿cuándo abandonaste ser delirio para transformarte en mármol?

Ante el altar impío del olvido, que condena todo lo sido al olvido,
Dios se contenta en los racimos caídos de la parra metafórica,
del racimo extraviado en vino, del destino encasillado en llanto.
Intento traerte en una pieza, y te me rompes de pronto en pedazos
los recojo y recojo, como te amé en mi cama, como te besé acalorado,
sin embargo, te mueres, enmudeces en la piedra, materializándote, sí.
¿En qué recodo te quedaste que partí sin ti hacia el Averno?

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