Oculto, pues su esencia es el ocultamiento, mora las épocas y los días. Morador arcano del hombre, acaece como manifestación. Ya no lo tenemos, pero lo hemos tenido más de una vez. Su eternidad es incomprensible para nuestros corazones, que viven en como en sueño, como en un "hacer nada". La poesía lo anuncia, inocentemente le ofrece libaciones. Es evento, somos históricos.
En el lugar que ocupo en el mundo, surjo como una nada. Tanto vivo mi existencia que la muerte me parece ridícula, por no decir insustancial. Sin embargo, contemplando la nada puedo conocer su poder, que soy su heredero, que tan nada soy. Flotando por el agua una rosa viaja, se posa en tus rodillas y se va. La eventualidad del SER, que tan esencialmente es olvido.
Las circunstancias cambian, se revisten de nuevos colores y sabores, pero algo permanece. Lo que permanece ajusta cuentas en el lenguaje, que lo inmortaliza y lanza al olvido, nos transforma en sueño y en muerte. Así mora el hombre su caverna, enciende su fuego para no perder nada y todo lo pierde. Su visita fue tan corta que no pude ni darme cuenta, cuando de sus brazos me soltó y comencé este viaje sin destino por la inmensidad/soledad del universo...
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