lunes, 23 de mayo de 2011

Viaje

Tiempo, un lugar sin tiempo, de acero y de oscuridad.
Un lugar sin tiempo, aparece la luz en el movimiento,
surge como el vapor del barco, como el humo de la fogata,
surge..

De la nada misma, una mariposa volando por el andén,
nada detiene su vuelo sincero, su vuelo límpido,
penetra por la ventana el horizonte, el cielo malva,
el cielo brilla tras el muro oscuro de las montañas.
¿Dónde quedó la oscuridad? ¿Cómo desapareció
entre columnas relumbrantes y divinas, de absoluta
incomprensión, de pesadumbre diáfana?

Mi nariz toca la ventana, le transmite su calor empañado.
Miro las montañas, como se mueven allá atrás,
y las estrellas en lontananza, la ciudad desnuda un
domingo por la tarde, y una mujer hermosa en el
asiento de adelante. Ella brilla como la noche oscura.

Recuerdo sus ojos tristes, sus labios delicados,
recuerdo su rostro enmudecido, como anhelando
la palabra sincera, el sonido amoroso, el timbre
de voz de su amante. La recuerdo sentada, inmóvil,
con los audífonos apartándola del mundo, en otra
galaxia, quizá, la recuerdo ensimismada.
Y mientras ella brillaba, las estrellas titilando
sobre el cielo nocturno, y yo bajo él.

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